HERCULÍNEAS | O |

25 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

IBERIA SE parece a un artista de birlibirloque. Con los impuestos de todos fue durante muchos años un pozo sin fondo de pérdidas. Con el sudor de otros muchos y una inyección de dinero público se saneó y fue vendida a un precio tan apetitoso que sus acciones volaron de las manos de los colocadores. Durante el último trienio, los de la banderita rojigualda nos han dicho que no había dinero para traer más vuelos a Alvedro, que la terminal coruñesa era deficitaria y que no sé qué coyuntura internacional disminuía la rentabilidad del aeropuerto. Y resulta que ahora que una compañía semidesconocida decide jugarse su dinero y su prestigio para volver a colocar la ciudad en el mapa de las grandes comunicaciones, Iberia se da cuenta de que se les acaba el chollo del monopolio y el porque sí y se ponen a competir. De repente, salen los aviones de donde no los habían, multiplican las plazas disponibles e incluso no descartan abrir nuevas líneas más allá de ese horizonte final que es Madrid y, en pocas ocasiones, Barcelona. Todo eso suena a cachondeo, a maniobra de trilero de Gran Vía, de la misma que nuestros mayores y amigos nos advertían cada vez que llegábamos a Madrid. A ver si esta vez no picamos. francisco.espineira@lavoz.es