MÚSICA CLÁSICA | O |
09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.No podía haber empezado mejor la temporada de la Sinfónica, con un Wagner defendible en cualquier lugar del mundo y una cantante, Nadine Secunde, de esas que impresionan nada más abrir la boca. Insiste Víctor Pablo (que ya había realizado, en versión de concierto, una tetralogía a plazos, de muchísima enjundia -con un Siegfried, antológico-, en su otro feudo, las islas Canarias) con un compositor al que poco a poco le va cogiendo la medida en una asociación artística que augura frutos importantes: no parece haber ninguna otra batuta española, en estos momentos, tan interesada por crecer y madurar un repertorio que no admite medianías. Repertorio Lo del viernes pasado ha sido una muestra de lo que el burgalés, y el que ahora constituye ya su principal proyecto orquestal, pueden lograr con el tiempo si se proponen en serio comenzar a abordar el repertorio del compositor alemán, con rigor y determinación. La entusiasta respuesta del público permite además hacer pensar que la programación de un Wagner completo en tiempos venideros, sea en versión de concierto o representado, no sería una idea para nada descabellada. Discurso brillante Comenzó el concierto con la Sinfonía en do, obra juvenil, pero en la que ya se aprecia el aliento poderoso del compositor, desde el beethoveniano inicio, para desarrollar ideas y entrelazar motivos, creando un discurso brillante en la forma y eficaz en el contenido. Wagner abandonaría pronto ese camino para consagrar sus ambiciones a la creación de la Obra de Arte Total -este hombre no se andaba por las ramas-, y su inspiración sinfónica cobra un nuevo, vigoroso sentido en páginas como la conmovedora Marcha fúnebre de Sigfrido o el influyente preludio de Tristán. Contrastes dinámicos Tanto en el monumental final del Ocaso como en la liebestod de Isolde, Víctor Pablo, algo excedido en la calibración de intensidades, de contrastes dinámicos, lo cual en él resulta ya una seña de identidad, tuvo una colaboradora de altos vuelos: a quién le importa realmente si a estas alturas algunos agudos de Nadine Secunde, una de las favoritas de las retransmisiones desde Bayreuth, suenan algo tirantes o abiertos. Con esa voz que inunda la sala y esa manera sincera de interpretar, con el corazón en la mano, señalar aquí o allá éste u otro defecto sería una impertinencia, ganas de marear. Director, soprano y orquesta hicieron música de la grande y de verdad. Ductilidad A estas alturas, la ductilidad del conjunto gallego, que lo mismo puede con las diabluras de un Rossini que ofrece un sonido compacto, robusto, como el de sus metales, y bruñido en maderas y cuerda (soberbio inicio del preludio de Tristán) en Wagner, como si llevase toda la vida interpretándolo, ya no sorprende a nadie. Qué gran comienzo, sobre todo, por lo que aún falta. El éxito de la velada fue absoluto. Palacio de la Ópera. Sinfónica de Galicia. Nadine Secunde, soprano. Víctor Pablo, dir. Obras de Wagner.