Reportaje | Fuera de las jaulas La vida en la urbe no es un privilegio reservado sólo para los animales de compañía. Algunas especies habitan en las calles y jardines con unas particulares costumbres
04 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Que la ciudad no tenga zoológico no parece ser un inconveniente para poder observar animales peculiares. Ocas y patos machistas y conflictivos, gatos que no tienen miedo al agua o peces tropicales que sufren los efectos del botellón , son algunas de las especies autóctonas que pueden encontrarse en A Coruña. Santa Margarita, el dique de abrigo, el hospital Abente y Lago o los jardines de Méndez Núñez son algunos de los puntos donde estas especies han creado su hábitat particular en el que, como pasa en las mejores familias, cada especie tiene su peculiar modo de vida. Un claro ejemplo son los trece patos y ocas del parque de Santa Margarita, animales con doble personalidad que bajo su inocente apariencia ocultan una identidad agresiva. Para empezar, no aceptan hembras entre ellos y si a alguna se le ocurre acercarse la matan. Por suerte no muestran esta faceta con la gente. Tortugas La vida en comuna es lo que caracteriza a las tortugas del hospital Abente y Lago. Aunque tienen espacio libre, se apilan unas encima de otras para hacerse compañía y son unas grandes aficionadas a las salchichas y las patatas fritas, un banquete que disfrutan en pocas ocasiones porque el pienso suele presidir su menú diario. Deben sentir envidia de los gatos que hay en el dique de abrigo, porque a ellos se les permite comer de todo. Nadie ha tenido paciencia para contarlos porque son muchos y es imposible no toparse con ellos al pasear por allí. Es habitual que se den baños en el club náutico, como cualquiera haría cuando aprieta el calor. Por otra parte, palomas y gaviotas viven en la ciudad a sus anchas y resulta muy fácil localizarlas en los tejados de la plaza de María Pita. Sin lugar a dudas, los peces que se encuentran en el estanque de los jardines de Méndez Núñez son los que peor asimilan su vida en la ciudad. El año pasado fueron envenenados y raro es el fin de semana que no se emborrachan, y no porque les guste sino porque los restos del botellón suelen acabar dentro de su estancia. Por ello, han tenido que ser sustituidos en varias ocasiones.