Con la lluvia en los talones

Víctor Omgbá A CORUÑA

A CORUÑA

NATALIA MONJE

Crónica | Sufriendo los humores de la meteorología Los comerciantes viven impotentes los cambios climáticos del mes de agosto

12 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La sombra de la lluvia es alargada. No sólo alcanza al turista que llega, sino que cubre con su velo negro a los negocios. El cambio meteorológico impone su ley. Los que más sufren de sus humores son los comerciantes. Todos hablan de ligera baja. De escasez de clientela. Remiten todo a mañana. Pero la lluvia viene cuando menos la esperan. «Más de media hora maquillándote, para luego tener que estar sin trabajar por culpa de la lluvia», afirma Belinda González González, que se transmuta en sirena plateada para encandilar a niños y mayores como lo hizo Ulises en su viaje de regreso. Estos días los comerciantes tienen todos la mirada puesta en el cielo. Parecen implorar su gracia. Es fácil de entender que estamos en la segunda semana de agosto, tiempo de hacer los agostos. «Pero no hay nadie», claman. «El tiempo es malo en Galicia», sentencia Lillian Vázquez. Sufre los humores meteorológicos más que nadie. Su oficina es la calle, donde vende ropa y bisutería. «El tiempo es malo en Galicia». No lo dice ella, lo dicen en la tele. No es de extrañar que Enrique Yebra, taxista, se sienta presionado cada vez que coge a un turista en el aeropuerto. «¿Qué tiempo hace aquí?», suelen preguntarle. Imaginen al bendito tratando de convencer al turista. De pocos medios dispone Pablo De Cesero, de la heladería Italiana, en la avenida de la Marina, para convencer a los transeúntes para que tomen un helado con este tiempo. Afirma que la culpa no es del tiempo, sino que todo se debe a la cultura, la de tomar helado incluso con frío. «Como se acostumbran a hacer en los países escandinavos y en Alemania», explica. Algunos como José Vallejo, de la hamburguesería Zun, en la calle de la Franja, proponen pero el cielo siempre acababa disponiendo. «Tenemos que poner las sillas y las mesas igual», dice atareado. «Lo que no llovió todo el mes tiene que hacerlo ahora. Si llueve más, se acaba el verano», sentencia. El verano sigue, lento y pausado, perturbado por los delgados filamentos que caen y unen tierra y cielo. A los niños y los padres que acuden a Atracción Camarero, en los jardines de Méndez Nuñéz, sólo les detiene la lluvia. «Cuando llueve no hay nadie», dice Bertín Martín.