Crónica | Atraco en la iglesia Un tarraconense pedía en la puerta de un templo de la Ciudad Vieja y tropezó con la negativa de un turista italiano. No lo dudó, entró y lo asaltó a punta de navaja ante el altar
09 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?on Dios como testigo directo, como quien dice, un hombre natural de Tarragona no dudó la pasada semana en ejercer su oficio, léase ladrón, ante el mismo santo altar. J.M.R., de 39 años, pedía a la puerta de una iglesia de la Ciudad Vieja, las más visitadas estos días si no por devoción, sí por atracción turística. Entre los visitantes, un italiano. En el atrio del templo, el turista en cuestión fue abordado por el tarraconense. No le reclamaba el coste de la entrada, no, por disfrutar de tan singular belleza arquitectónica. Le pidió dinero. El visitante se negó, siguiendo su relajado trayecto para observar el interior de la iglesia. Amigo de lo ajeno Poco podría suponer que tras él entraría el amigo de lo ajeno. La iglesia, tiempo ha refugio a prueba de cualquier fuerza terrenal, fue el escenario del delito. Allí mismo J.M.R. abordó al italiano desprevenido, esta vez cuchillo en mano. Ante tan afilados argumentos, el turista cedió. Le entregó el dinero. El catalán, obviamente, se marchó aún más rápido de lo que había entrado. La víctima lo denunció con una detallada descripción física de tan irreverente delincuente. Y la policía nacional lo localizó en un cruce de caminos bien distinto, en la ronda de Outeiro con la avenida de Finisterre. Al ver a los agentes, es probable que se acordase en voz alta de todos los santos. Pero ninguno bajó a echarle una mano.