El trayecto que parte del casco histórico y sale de la ciudad por el alto de Eirís se encuentra abandonado y deja pasar otro Año Santo en el anonimato más absoluto La Cofradía del Apóstol pide que se conceda la Compostela a los que sigan la ruta
24 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Cien kilómetros. A principios de los 90, la Iglesia se enfrentó a la picaresca de los peregrinos y puso límites a las Compostelas que recibían todos los que la exigían cuando entraban en la catedral de Santiago. A partir de entonces, habría topes. Se pensó en un número redondo: el cien. Sólo recibiría reconocimiento eclesiástico el peregrino que acreditase haber recorrido esa distancia. Y se cerró la puerta a los coruñeses y a su Camino Inglés, más antiguo que el Francés actual, según los integrantes de la Cofradía del Apóstol Santiago en A Coruña. De memoria, Paris López-Sors Somoza, integrante de esta asociación, recopila datos: «Durante los siglos XII, XIII y XIV, gente procedente sobre todo de los países nórdicos y de Inglaterrra desembarcaban en el puerto de A Coruña para peregrinar a Santiago». Le apoya en sus explicaciones otro colega, Francisco González, recién llegado del Camino de la Plata. «La Historia no deja lugar a dudas. No es justo que, por poner una cifra redonda, dejen este camino en el olvido. Que se fije un número de millas marinas además del recorrido entre A Coruña y Santiago para legalizarlo y verás cómo se recupera el tramo», plantea como posible solución. Dos etapas Y es que el tramo al que se refiere, de A Coruña a Bruma y de Bruma a Santiago -esta última etapa compartida con el Camino Inglés de Ferrol, que sí merece Compostela porque desde Neda hasta la catedral hay 102 kilómetros- sí necesita un cuidado. «Muy pocos se deciden por esta ruta porque, al fin y al cabo, es humano que quien hace el Camino quiera reconocimiento. Y ya se sabe: lo que no se usa se estropea», explica López-Sors. Junto con sus colegas de la cofradía, reconoce que la mayor parte de los coruñeses que acuden a ellos -abren al público, frente a la iglesia de Santiago, los martes y jueves de 19 a 21 horas- solicitan información sobre el Camino Francés. El de Roncesvalles, vaya. «Yo me controlo y me ajusto a lo que me piden, porque de nuestro Camino Inglés podría estar hablando horas», confiesa López-Sors. Y da rienda suelta a ese conocimiento: «En los siglos XII, XIII y XIV el Camino Francés actual estaba conquistado por los moros y el recorrido de los peregrinos hacia Santiago se llevaba más hacia el interior. Éste siempre se mantuvo igual. ¿No te había dicho que el nuestro es más antiguo que el otro?». Ofrece más datos de su autenticidad cuando asegura que, en aquella época, era el Arzobispado quien cobraba los anclajes en el puerto de A Coruña. «Creo que es un dato bastante fiable de los usos de entonces de los muelles, ¿no?», casi presume. Abandono De lo que no se enorgullece, ni él ni el presidente de la Cofradía del Apóstol Santiago en A Coruña, Manuel Soto, es del estado de abandono del Camino: «La Xunta colocó placas que reproducen vieiras para señalizar la ruta y la gente las arrancó -se lamentó-. Nosotros pintamos flechas en los bordes de las aceras, pero están casi invisibles. Habría que hacerlo de nuevo». ¿Cómo? Sobran los dedos de una mano para contar los apoyos que recibe este hermano pobre del Xacobeo. ¿Para qué? Casi serviría la misma mano, si no llega a ser por las excursiones que organizan los colegios de la ciudad, para enumerar los peregrinos que salen de A Coruña hacia Santiago. Pero aún ven más inconvenientes para su promoción los defensores del Camino Inglés de A Coruña. López-Sors habla ahora de los albergues y explica que tan sólo funciona uno, en Hospital de Bruma, a 33 kilómetros de la salida y con una subida final de 5.000 metros «que no puede hacer cualquiera». Tiene este colectivo una posible solución que, como las demás, precisaría del apoyo de las administraciones: «En Sarandóns, entre Carral y Abegondo, estaría bien, a una distancia más o menos asequible para cubrir en un día». Y un sueño: «Lo ideal sería un albergue aquí, en la ciudad, sobre todo para los que hacen el camino de vuelta para embarcar en el puerto. Nosotros ya tenemos el sitio pensado pero necesitamos ayudas». López-Sors da un penúltimo argumento para promocionar su Camino Inglés: «El sentido último de la peregrinación, el que tenía en la Edad Media, es ir desde tu casa, esté donde esté, hasta la casa del Apóstol Santiago». Tajante.