HERCULÍNEAS | O |
27 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL INGLÉS, un desierto pálido con pequeñas motas rojas recuerdo del crucero aparcado frente a Correos, resistió como un toro la prueba. «Para que funcione tienes que pasar la mano por encima»-, le advirtió su mujer. Aguantó un par de segundos y sonrió satisfecho. Su lugar lo ocupó otro, que repitió el ritual y lo mismo hizo el siguiente. Todos asaron sus manos en la Llama de la Libertad que ilumina la estatua de María Pita, frente al palacio municipal, y que es vigilada día y noche por una cámara cazagamberros. «Da suerte que te queme, ¿no?», razona el inglés, sorprendido por la resistencia del pebetero a la lluvia. «Seguro que es por la magia de Harry Potter, la que nos va a dar suerte durante el resto del viaje» ironiza la inglesa sobre el gas ciudad que sopla la chispa de la libertad. Por fin nos vamos situando en el entramado de leyendas urbanas que tejen la imaginación del mundo. La ciudad estaba huérfana de supersticiones de calado internacional, de esas que con el paso del tiempo se han convertido en certezas: las monedas de la Fontana de Trevi, los croques de la catedral de Santiago. Ya la tiene. juan.gomezaller@lavoz.es