Ella, la sonrisa

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

25 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

AMANECIÓ con el recuerdo de un tirón de orejas propinado por dejarse acompañar, cada vez con más frecuencia, de una tal Melancolía, de aspecto tristón. Enfiló una mañana de recados. En el paseo de los Puentes entró en una entidad bancaria para cancelar una cuenta; la mujer que estaba tras el mostrador le recibió con una sonrisa, le explicó cada detalle de la operación y, al acabar, le despidió con unas palabras de agradecimiento. Había dejado el coche a lavar y cuando fue a recogerlo la sonrisa de Antonio brillaba igual que la pintura, a pesar de estar atrapado entre tanto trabajo. En la Casa del Mar pidió cita con el médico. «Para hoy no puede ser; mañana, a las....», le explicó sonriente la funcionaria. Al llegar a casa encontró entre las hojas de un libro unas palabras atribuidas a Charles Chaplin: «No empobrece a quien la da y enriquece a quien la recibe; dura sólo un instante y perdura en el recuerdo, eternamente. Es la señal eterna de la amistad profunda; nadie hay tan rico que pueda vivir sin ella, y nadie tan pobre que no la merezca...». Según el actor, «una sonrisa alivia el cansancio, renueva las fuerzas y es consuelo en la tristeza». Entonces llamó Melancolía. No le contestó y siguió con Chaplin: «Nadie tiene tanta necesidad de la sonrisa como quien no sabe sonreír».