Cronómetro | José Fresquet La amenaza para el hombre no está en las epidemias, asegura el experto, sino en los accidentes de tráfico y los males relacionados con la alimentación
20 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?osé Fresquet, director del Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación en Valencia, doctor en Medicina y máster en Diseño y Desarrollo de Sistemas Interactivos Multimedia, inauguró ayer en la Domus las jornadas científicas sobre las epidemias. En su charla, desmenuzó las enfermedades infecciosas. -La historia es prolija en epidemias. -En el mundo europeo o occidental hacemos una clasificación. Las enfermedades infectocontagiosas agudas, de altísima mortalidad y que afectaron a Europa hasta el siglo XIX, como la peste, el cólera y la viruela -ésta es la única que se ha declarado erradicada-; y las crónicas, con mortalidad no tan elevada, como la tuberculosis, la difteria, la polio, la sífilis o la gripe. -¿Y hoy? -Ahora la gente se muere de enfermedades cardiovasculares, de cáncer y de accidentes de tráfico. La preocupación hoy viene o porque produce mucha mortalidad, o muchos gastos o por el impacto social. En este sentido, el ejemplo es el sida, cuando realmente provoca muchísimas menos víctimas que el asfalto. Sigue siendo importante la tuberculosis, porque existen bolsas de pobreza y se ha bajado la guardia en investigación y prevención sanitaria, y hay otras con menor impacto, como la legionella, o algunas casi cinematográficas, como el ébola. -La humanidad nunca estará libre de que aparezca alguna nueva. -Por supuesto. Este año la preocupación era que apareciese una nueva gripe. La infección es siempre una relación entre el huésped y el agente y puede ser que en algún momento se produzca un cambio genético. Ahí está la enfermedad de las vacas locas, que supuso un salto en la barrera entre especies: ya no hablamos de un ser vivo, sino de un prión. -¿A qué tenemos que temer? -No a las enfermedades infecciosas, sino a la carretera y a patologías en las que incide la alimentación: los cánceres, los trastornos cardiovasculares... No sabemos lo que comemos ni si a largo plazo traerá consecuencias catastróficas. En las piscifactorías se da carne a los peces y desconocemos si con el tiempo será fatal.