La limpiadora

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

08 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTÁ cada mañana en el portal del edificio, cerca de Cuatro Caminos, armada con su cubo, bayetas, agua, lejía, limpiacristales... y una sonrisa. Es una de las miles de personas que día a día limpian en la ciudad lo que otros manchan, la que detecta al nuevo vecino que lleva esas botas que llenan de tierra las escaleras, la mujer discreta capaz de arrancarle un saludo al más huraño: «A ése le cuesta, pero al final también da los buenos días», comenta de pasada. La pelea más dura la sostiene con los dorados de las puertas de la entrada; a veces ese esfuerzo tiene su recompensa, como el día que vio a una moza presumidilla mirándose en el reflejo metálico de las piezas que ella acababa de abrillantar. «Desde dentro estuve a punto de decirle que iba guapa». Calló y, si tiene ocasión, se lo dirá a la cara, con el cariño de la buena gente. Ella está orgullosa de su trabajo, del brillo de los dorados, del buen olor en las escaleras, de la limpieza del portal, aunque a veces sus riñones rechinen y su cuerpo pida más reposo. Tal vez no sepa que la mejor limpieza que hace cada día es la de abrillantar la cara a decenas de personas que salen y entran, esparciendo sobre ellas palabras amables, frotándoles el alma con su sonrisa y desinfectándolos de egoísmos con su buen hacer. Gracias, a ella y a todas.