El rayo que desalojó Os Castros

Rubén Ventureira A CORUÑA

A CORUÑA

Reportaje | El accidente del 31 de enero de 1986 Mujeres en bata y zapatillas corriendo por la calle y dos colegios evacuados fueron algunas de las consecuencias del incendio del tanque 902 del muelle petrolero

06 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

tardó un día en salir de su refugio. El estruendo asustó al gato de Pilar Blanco, vecina, ayer y hoy, de Os Castros. La mascota se parapetó tras un sillón del salón, y allí hubo que llevarle la comida y hasta la cena. Carlos Novo también escuchó lo que de entrada creyó que era, simplemente, un trueno. Entonces alumno de séptimo de EGB en el colegio Mirador, asistía a clase de Historia. Pasaban de las diez de la mañana, hablaba la señorita Elena y él, que estaba junto a la ventana, interrumpió a la profesora al ver una gran columna de humo. Brotaba de un tanque de la refinería. «Di la alarma en el colegio», recuerda Carlos. Este centro de enseñanza fue desalojado. También se evacuó el colegio Los Castros, situado en la avenida del General Sanjurjo. Ocurrió un viernes, 31 de enero. Un rayo cayó en el depósito 902. El tanque contenía en aquellos momentos 3.000 toneladas de petróleo crudo. Estaba a un diez por ciento de su capacidad. El Butadiez , un barco que estaba cargando propano y butano a doscientos metros del lugar del suceso, fue desatracado del pantalón dos. El Butadós , otro butanero que estaba fondeado en espera de atraque, huyó del puerto. Los equipos de emergencia actuaron con rapidez. El depósito afectado se aisló del resto. Se abrieron las válvulas interiores, que empezaron a rociar anhídrido carbónico y espuma al combustible. Mientras se trabajaba en la extinción, Os Castros salió a la calle. «Había mujeres en bata, zapatillas y rulos corriendo por la calle. Parecía una película americana de catástrofes», recuerda una joven que entonces estudiaba en el colegio Mirador. Por el barrio se extendió el rumor de que la explosión se había producido en ese centro de enseñanza. El susto principal se lo llevó Os Castros, pero el impacto hizo temblar edificios tan distantes como el instituto de Elviña o naves del polígono de A Grela. «Hay una lectura positiva del accidente: los mecanismos de seguridad funcionaron con la suficiente rapidez y eficacia para controlar y eliminar el peligro en menos de media hora», se pudo leer en La Voz dos días después del suceso. Aquel 31 de enero, A Coruña se llevó uno de los sustos más gordos de su historia. Algunos no lo han olvidado. «Desde entonces tengo miedo a los truenos», asegura Francisca Cabanas.