Reportaje | Carnaval temático en la biblioteca de Durán Loriga La culpa fue de Fátima. Jugar sí, pero también aprender. Dejó que los niños se vistieran de pintores, pero antes les obligó a memorizar parte de la vida y obra del artista catalán
18 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?icardo, tímido, quiere que quede claro que estuvo atento mientras Fátima, la educadora social de la biblioteca municipal infantil y juvenil de Durán Loriga, contaba un cuento sobre Salvador Dalí. «Pero no me enteré muy bien», confiesa. Tiene 5 años y está más preocupado por manchar su mandilón de pintor que por responder preguntas. Otro intento. Fallido. María, de 9 años, no llegó a tiempo a la primera parte de la fiesta temática. Ni ella ni su amiga. «Ahora estamos pintando», aclaran. Y por detrás se escucha algo así como «aquí se pintan caracoles». O sea, bigotes de Dalí. La culpa de este barullo la tuvo Fátima. Aprovechó el aniversario del nacimiento del pintor catalán para montar un carnaval temático, con apropósito incluido, para alcanzar ese mito de aprender y jugar a la vez. El gancho de la jornada, que los niños podrían hacerse su propio disfraz de pintor. El requisito, que antes deberían atender al relato sobre la vida de Salvador Dalí. Raquel y Elena, hermanas, sí se aprendieron la lección. La mayor empieza la historia. Cuenta que «el pequeño Dalí iba por la playa y encontró una llave. Se la guardó en el bolsillo porque le daba suerte». La pequeña, Elena, tiene prisa por atajar y va más allá. «El cocinero sabía para qué era la llave y le llevó a un sitio con muchos cajones. Abrió uno y se encontró con una tecla negra de un piano que tocaba solo», explica. Su hermana matiza que, además, del piano salían muchos muñecos, pero la pequeña sólo quiere acabar. «Y de mayor se hizo pintor», sentencia Elena. Raquel no queda satisfecha. Mientras su hermana intenta arrastrarla hacia la fiesta, cuenta que Dalí dejó de pintar cuando se murió su mujer y que «lo que nos contaron era que plasmaba los sueños en cuadros». Relojes derretidos Los sueños de Dalí -«al final los guardó todos en un baúl», explicó otra pequeña- eran relojes derretidos, pianos desbocados y fantasías surrealistas. Los niños que se sumaron a la fiesta temática en Durán Loriga añadieron algo más, de cosecha propia. «Se pintaba mucho la cara y hacía todo tan rápido que parecía que tenía seis manos», relataba Agustín. Con los disfraces hechos y la lección aprendida, llegó lo mejor. Fátima, otra vez, guió a los más pequeños a la calle, apartó a los transeúntes y comenzó a corear el apropósito. «Sí, también lo redacté yo», reconoce. David el gnomo le echó una mano poniéndole música a una canción de estribillo «Dalí, pintame la nariz».