Tres días y dos noches

La Voz

A CORUÑA

BENITO ORDÓÑEZ

Tres días y dos noches de esgrima parlamentaria. En la jerga de los diputados -dos por provincia y el resto repartidos según la población hasta un mínimo de 300 y un máximo de 400- éste es el trabajo de un congresista. Los lunes comienzan con la consulta de la agenda semanal definida por la Junta de Portavoces. Hay pleno los martes por la tarde. Por cupo, según la representación, los grupos parlamentarios presentan sus proposiciones de ley. Hay peleas para que las propuestas entren en el orden del día, pero las horas, los minutos, están contados, y las intervenciones de cada diputado controladas al segundo. Se saca tiempo de donde no hay -el pleno se prolonga hasta casi la medianoche- para el debate de las proposiciones no de ley, iniciativas encaminadas a guiar al gobierno sobre una determinada cuestión. Otra vez el cupo limita a los grupos, que disponen de un único turno por diputado. El pleno del martes continúa con las mociones, generalmente restos de las interpelaciones de la semana anterior y que suelen ser fruto del descontento de la oposición con algún miembro del gobierno. Comisiones El segundo día de la semana para los diputados es el miércoles, cuando toca trabajo en comisión. Son dos tipos de tareas las que se realizan en estos microplenos: el debate de las proposiciones de ley admitidas por el pleno o las comparecencias de altos cargos del Gobierno, habitualmente a petición de algún parlamentario. Las comisiones tienen potestad para aprobar proposiciones no de ley. Esta circunstancia hace que, en ocasiones, aflore la picaresca de los grupos con poca representación, que presentan una idéntica propuesta al pleno y a la comisión para asegurar el debate. Más sesiones El pleno del martes continúa el miércoles por la tarde. De seis a ocho es el turno de las preguntas orales, con una única opción para cada grupo. Y, a continuación, las interpelaciones. Cara a cara entre un diputado y un ministro. El parlamentario pregunta, el ministro responde, el parlamentario replica y el ministro concluye. El que pregunta no suele quedar satisfecho, de ahí que el martes siguiente, en el pleno, se reserve tiempo para las mociones y ampliar el debate a todos los grupos. La semana concluye el jueves. Por la mañana, el Gobierno plantea sus proyectos de ley y el pleno del Congreso debate los informes de las ponencias. Son los asuntos que pasarán, para el último filtro, al Senado, con potestad para el veto parcial o total. El Congreso, de todas formas, tiene la última palabra.