El fiscal pide para el procesado doce años de cárcel y una indemnización de 30.000 euros La supuesta víctima padece un leve retraso mental y «no es capaz de controlar sus impulsos sexuales»
21 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Lo que para el procesado fueron dos relaciones sexuales consentidas, para el fiscal son dos abusos sexuales en toda regla. Ni uno ni otro dieron ayer su brazo a torcer en el juicio que se celebró en la sección cuarta de la Audiencia Provincial. El acusado, de 41 años, juró que en ningún caso forzó a su sobrina, de 18 años recién cumplidos cuando ocurrieron los hechos y con un retraso mental leve. El fiscal opina lo contrario. Asegura que se valió de la incapacidad de la joven para mantener relaciones sexuales. Los hechos se remontan a octubre del 2002. En aquellas fechas, la supuesta víctima vivía junto a su madre en la casa de los abuelos. El procesado, que no sólo es tío, también padrino de la joven, solía visitar la vivienda con asiduidad. En una de esas veces que se presentó en casa de su padre, la sobrina le comentó que tenía que ir al supermercado. Entonces, el acusado se ofreció a llevarla en su coche. Durante el trayecto, hablaron de sexo. Y en un momento dado, el acusado le propuso mantener relaciones sexuales, tal y como sostiene el ministerio fiscal. Para que nadie los viera, el hombre se apartó de la carretera y circuló por un camino entre el bosque hasta un lugar apartado. Al finalizar, regresaron a casa como si no hubiese pasado nada. Excusa Días después, el procesado regresó a la casa paterna. En el salón estaban su hermana y su padre. Y en el piso de arriba su sobrina. En un momento dado, el hombre, con la excusa de buscar un suéter en una habitación, según la acusación, se encontró con la joven. De nuevo le propuso mantener relaciones sexuales, que consumaron encima de una cama sin que la madre y el abuelo de la chica se enterasen de nada. El fiscal considera que esas dos relaciones no son más que abusos sexuales, al entender que el procesado se valió de la minusvalía psíquica de la joven para mantener relaciones. Por eso pide para el acusado una pena de doce años de cárcel y que indemnice a su sobrina con la suma de 30.000 euros en concepto de daños morales. El procesado no lo ve así. Después de reconocer las relaciones mantenidas con su sobrina, aseguró que la joven no era la primera vez que había estado con un hombre y que la chica solía hablar sin ruborizarse de la utilización de preservativos, «que llevaba en el bolso», manifestó el procesado durante el juicio. Minusvalía La supuesta víctima, según el médico forense que la atendió, padece un retraso mental leve, una minusvalía del 71%, una personalidad muy influenciable, desconoce el alcance de las relaciones y para ella el sexo es un impulso que le cuesta controlar. Tanto el abuelo como la madre de la joven testificaron que desconocían las relaciones entre ellos hasta que la joven decidió contarlo después de unos dolores en el estómago que le llevaron a pensar que estaba embarazada. El juicio, que fue a puerta cerrada para salvar la privacidad de la víctima, quedó visto para sentencia.