Reportaje | Una jornada de los alumnos de Aspronaga en las salas de Los Rosales Un proyecto de Coruña Social a cargo de dos educadoras urbanas sirve para que los matriculados en el centro de educación especial aprendan a ir solos al cine
15 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?arcos quiere ver una película de terror. Tiene 25 años y muy buen humor. No deja de reírse. Fue el primero en aplaudir cuando Bernar, empleado de los multicines Los Rosales, terminó su explicación sobre cómo se monta una película. Y uno de los primeros en presentarse ante la taquilla para pedir una entrada. «A ver si estas chicas me entienden, porque suelo tener problemas», se quejaba. Estaba muy nervioso cuando llegó su turno. «¿Con esto me dan una entrada?», preguntó. Y volvió a reír, ya más tranquilo, cuando, inexplicablemente para él, le cambiaron su billete de 5 euros por un pase para ver Swat . «Es que pensé que iba a ser como cuando en un campamento me mandaron meter la mano en un líquido que no sabía lo que era», explicó. Y así quedó justificado su nerviosismo. Algo más atrás en la fila estaba Loli. Ella ya es una experta en los cines. «Vine en una convivencia a ver Titanic », relataba. ¿Te gustó la película? «Me gustó el tío», responde rápido. Lo que le gusta a Noemí, otra de las alumnas del centro de educación especial Aspronaga, son las chucherías. Mientras duran las explicaciones sobre cómo funcionan los cines, saca del bolsillo una moneda de euro e insiste en una pregunta: «¿Puedo comprar una chocolatina?». Mientras, Benjamín, 50 años, tiene la mirada perdida en una sala de juegos. «Si me tocara un muñeco de ésos lo ponía en mi casa», relata. De repente se pone serio. «Soy el presidente del Club Juvenil Finisterre y canto en el coro. Yo ya sé cómo se hace para ir al cine porque vine a ver El Cid y Nemo con mi amigo Manuel, el vicepresidente», explica. La iniciativa La visita en masa de los alumnos de Aspronaga a los multicines Los Rosales tiene una explicación. Hay que buscarla en la que ofrecen Silvia y Lupe, dos educadoras urbanas en prácticas que colaboran con el proyecto Coruña Social. Una de sus primeras iniciativas ha sido, con la colaboración de los responsables de las salas, ayudar a estos jóvenes a desenvolverse en solitario cuando quieren ver una película. La excursión comenzó con la llegada al centro comercial. De las puertas, directos a las salas desde donde se proyectan las cintas. Y de allí a las taquillas, para pedir su entrada después de memorizar la sala y el nombre de la película que querían ver. Sólo quedaba disfrutar de las aventuras de Los hombres de Harrelson . Marcos hace una última puntualización antes de entrar. «No sé si podré venir solo. Desde Villa de Negreira no sé llegar», explica.