Pubs, discotecas, hoteles y restaurantes proponen circuitos nocturnos y fiestas llenas de glamur para los que quieren recibir el 2004 en la calle El esmoquin ha pasado de moda y ya pocos exigen rigurosa etiqueta
20 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?in de Año. Noche larga. Para unos más que para otros. Pubs, discotecas, cafés, restaurantes y hoteles enseñan sus cartas. Hay oferta para todos los gustos. Las uvas, eso sí, son obligadas sea cual sea el plan. Después de las doce, los jóvenes dejan a los mayores de la familia en casa, viendo las insufribles galas televisivas. Muchos, la mayoría, no volverán a ver a los suyos hasta el día 2. Ésa es la hora, después de las campanadas, en la que media Coruña busca taxi y sólo un cuarto lo encuentra. Van camino del local elegido, y no tan elegantes como antaño. La exigencia de traje o esmoquin ha dejado de ser común. Punto 3 exige «rigurosa etiqueta o traje oscuro» y la cervecería Capital advierte de que es «imprescindible etiqueta o traje oscuro» para cruzar la puerta, pero son casos excepcionales. Maqueado o no, pero ya bajo techo, arranca el maratón etílico. La barra libre es la oferta más común. El precio de las entradas para fiestas de esta popular modalidad oscila entre los 30 y los 40 euros. Los locales aúpan los precios y logran cajas importantes. «Se triplica el beneficio respecto a un sábado normal», asegura el dueño de un pub de la calle Juan Canalejo. «¡Qué va!, la caja es como la de un gran sábado», replica el propietario de un famoso local de la misma rúa. En este último establecimiento un «gran sábado» equivale a 3.000 euros de caja. Lógicamente, una parte mayor de la habitual se la llevan los camareros, que pasan a cobrar 120 euros, el doble de los 60 habituales. Algunos hosteleros se quejan de que la proliferación de fiestas en bares recorta el beneficio. «Cada vez hay más. Unos amigos alquilan un local y se montan la fiesta a su gusto. Si no llega a ser por los portugueses, que vienen en masa, el fin de año de A Coruña sería desastroso». Esta opción, la de montar un jolgorrio particular, está en auge. Ahorras dinero, te libras del garrafón y suenan canciones al gusto de los amigos, y no de un pinchadiscos enfermo de cuarentitis . Porque el listón musical suele caer en picado (es complicado, dado el habitual nivel denigrante, pero ocurre) en la noche más larga. Suena el Hortera Mix enterito en la mayoría de los locales. Algunos se desmarcan de esta tendencia durante el resto del año y no por ser día 1 de enero la varían: «Aquí ofreceremos Rolling Stones, más alto y más tiempo», anuncia José Luis Otero, dueño del Tribeca, del Orzán. La fiesta que el Club de Diversión organiza en la calle Costa Rica desde hace cinco años es otra garantía de excelente música rock, soul y pop. «Más tiempo», anunciaba el dueño del Tribeca. Lo habrá. El Ayuntamiento relaja su política azuzadora el 1 de enero. El horario de cierre se estira como un buen chicle sin demasiadas pegas policiales, salvo que se ocasionen molestias graves al vecindario. Alguna discoteca garantiza fiesta hasta las doce de la mañana, como es el caso de la clásica Pirámide, en Juan Flórez. A esa hora, serán cientos los que ya anden por las calles de Betanzos. Todo en uno Los hay más cómodos, que quieren todo en un paquete. Son los que recurren a las fiestas organizadas que preparan las asociaciones, sociedades y hoteles. En ellos, hasta pueden quedarse a dormir. Y con una ventaja: no hay que dejar libre la habitación a las doce de la mañana. Lo habitual es que el desayuno bufet, más espléndido de lo habitual para celebrar el Año Nuevo, se prolongue algunas horas. Más glamurosa que ninguna otra es la fiesta que ha preparado el Hotel La Toja Finisterre en su salón Victoria. Con sitio para 350 personas, cuelga una larguísima carta con un menú elaborado bajo la supervisión de la restauradora Toñi Vicente. Con aperitivos, marisco, carne, pescado, postres, cotillón, barra libre y orquestas marca un precio de 260 euros. Si la fiesta continúa hasta la mañana siguiente, con habitación y desayuno incluido, el presupuesto se incrementa hasta los 360. Algo más económica resulta la cena en el AC de Matogrande. A la comida, abundante, se añaden sopas de ajo a las cuatro de la madrugada y chocolate con churros al amanecer. Los responsables de la cadena han ampliado a esta noche su oferta de fin de semana, el Plan Invita, con una habitación doble que sale a 60 euros y una oferta especial en el menú para los más pequeños. Sus croquetas, langostinos y medallones de rape cuestan 35 euros por cabeza. Otro cuatro estrellas, el Hesperia (Juan Flórez) ha reservado ya su salón «para una persona y su grupo de amigos, que ya vinieron el año pasado», explicaron desde el hotel. Su oferta, por tanto, ha caído. Se puede cenar como un día cualquiera y reservar una habitación por 68 euros la noche, pero nada de fiestas. Eso queda reservado para el que ha cerrado el salón. Los restaurantes también han ampliado su oferta para la noche de Fin de Año, como Casa Floreano, en la estación de autobuses. Por 30 euros se accede al baile, barra libre con cotillón y orquesta con pinchadiscos. La fiesta continúa aquí hasta la mañana siguiente, con una gran chocolatada con hueco para quinientas personas. Las sociedades O exclusividad. Las sociedades más tradicionales de la ciudad (léase Sporting Club Casino, Real Club Náutico o Club de Tenis) mantienen su línea habitual. En el parque de A Zapateira han contratado a Los Satélites y al dúo Fabián y Cristina para una fiesta de socios. Se puede llevar acompañante pero, eso sí, ha de ser forastero. «Si quieren venir los de Coruña, que se hagan socios. Es nuestra fiesta», explicaron desde las instalaciones de la calle Real. En este caso, el precio para cada abonado es de 58 euros. En el Club de Tenis, los socios reciben cena y cotillón con música en vivo por 60 euros. Los niños pueden escoger un menú especial. Se incluye en el paquete la opción de cenar en casa y asistir después a la fiesta. El precio entonces es de 12 euros para los no socios.