«Con las ratas tengo un convenio; las dejo en paz y ellas a mí»

Dolores Vázquez A CORUÑA

A CORUÑA

Testimonio José Ramón Manivesa Rilo reside en una chabola en Lamastelle. Mientras desde el PP se preocupan para poder atenderlo, él vive feliz y se autodefine como alcohólico crónico irrecuperable

15 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde hace unos seis años, la vivienda de José Ramón Manivesa Rilo huele a húmedo, a frío. Lo que en su día fue una caseta para guardar herramientas junto a las pistas de tenis de Lamastelle se convirtió en su dormitorio. Allí guarda un colchón, la televisión, botellas de alcohol, comida, una improvisada biblioteca y la ropa seca. En un porche acristalado (realizado con ventanas recicladas) se amontonan los botes con comida, la nevera y distintos aparatos eléctricos. Fuera, sobre la hierba, una variada colecta de objetos a los que este indigente ve utilidad. José Ramón reconoce que está pendiente de una ampliación de su improvisada casa, pero teme ser desalojado. Este hombre, nacido en Ferrol hace 44 años, relata con naturalidad que es alcohólico crónico y que rechaza volver a pasar por otra cura de desintoxicación, asegurando que él es así feliz y que no hace daño a nadie. En una vida pasada fue pintor, pero el paro y la carga de un matrimonio, ahora roto, cambió su rumbo. Con 19 años entró en prisión por el robo en una joyería. «Estuve en Toledo, en Ocaña, en un centro de máxima seguridad, pero ganó el PSOE y me aplicó la reforma», recuerda. Su periplo de empleos a partir de ahí fue amplio y se movió de Toledo a Marbella, y de allí de nuevo a Ferrol, anduvo por las ferias y recaló en A Coruña como cocinero. La rotura de una pierna truncó una vida cuando empezaba la remontada. Perfecto anfitrión con sus visitas, ofrece la mejor silla, todo tipo de bebidas e, incluso, compartir el plato del día. Ayer tocaba lengua. Se alimenta de lo que tiran en los supermercados. De sus chapuzas, artesanía y de recoger chatarra maneja entre 100 y 200 euros al mes. «Tabaco y poco más necesito», dice. Una lavadora le sirve para calentar el agua que utiliza en sus duchas con calderos y amontona el papel higiénico en vertical porque dice que su mayor problema es de espacio. Ahora no tiene perro y sí visitas de roedores. «Tengo una colección de ratas que ahora han criado ratoncillos. Me fastidia sólo cuando me comen la ropa, pero parece que tenemos una especie de convenio y nos respetamos. Yo les dejó en paz y ellas a mí», apunta. De su último recorrido nocturno a su supermercado particular de contenedores se ha traído un trozo de moqueta, lo que será su tercera plancha, un despertador, un mapa de carreteras (él se mueve en una bicicleta ahora pinchada) y un contestador antiguo. No tiene teléfono fijo y tampoco tarjeta en el móvil. «¿Para qué? Nadie me llama». Desde el PP de Oleiros se criticaba ayer que José Ramón no fuera usuario de los servicios sociales municipales, y desde el Concello se respondía que éste rechaza la ayuda ofrecida. Mientras, él sólo recuerda la visita que un día le hizo la Policía Local.