CRÍTICA MUSICAL | O |
12 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LO MÁS más interesante de la visita, como director invitado, de Hansjörg Schellenberger ha sido volver a constatar la ductilidad de una orquesta que sabe manejarse con el mismo nivel de excelencia en repertorios y estilos bien diferenciados. El estupendo director alemán, con una notable experiencia en la música antigua y barroca, demostró que los enfoques historicistas pueden estar bien -sobre todo para vender discos-, pero que es posible obtener resultados igualmente válidos y estimulantes con instrumentos modernos, si se trabaja con criterio. Reduciendo su plantilla, la Sinfónica ofreció un Haydn fresco, de tiempos vivos, fraseo incisivo, elegante y brioso. Un Schellenberger atento a cada detalle, aportando las necesarias dosis de energía en los momentos más vivos y resaltando los aspectos cantables, redondeó una interpretación equilibrada, ágil y luminosa. La transparencia que Schellenberger aportó a Haydn se transformó luego en sonido compacto, granítico, pleno de vigor y lirismo, a partes iguales, en el Mendelssohn de la romántica Escocesa , con un grandioso final que excitó el entusiasmo del público: tras la conclusión, se oyeron muchos bravos y el maestro tuvo que salir a saludar en repetidas ocasiones. También la orquesta, en la que volvió a brillar especialmente su poderoso metal, ovacionó al director alemán, del que se espera que pueda regresar, más pronto que tarde, en otras ocasiones. Antes, en su otra faceta, como solista de merecida fama, Schellenberger brindó una soberbia lectura del encantador Concertino para corno inglés y orquesta de Wolf-Ferrari, una obra moderna que entabla un sugestivo diálogo con el pasado, a través de un discurso sencillo, directo y lleno de humor. Palacio de la Ópera. Orquesta Sinfónica de Galicia. Hansjörg Schellenberger, solista y director. Obras de Haydn, Wolf-Ferrari y Mendelssohn.