HERCULÍNEAS | O |
05 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.A LOS niños de Monte Alto, que todavía juegan al fútbol sobre el asfalto callejero, toreando por chicuelinas a los coches que se deslizan por su laberinto de rúas deshilachadas por el viento; a los pequeños que andan en bicicleta por la acera, porque no viven en un barrio pijo con farolas de diseño barcelonés; a esos cativos de sonrisa suburbial les pusieron los romanos hace veinte siglos una lámpara de mesilla que iba para eso, para alumbrar los insomnios de la gripe del rapaz, y que acabó en Torre y escudo de la ciudad. Porque la torre de Hércules, claro, no es más que el flexo que usa Monte Alto para verse su jeta nocturna. El resto, lo del faro y demás telas marineras, es leyenda y literatura oficial. Cuatro sopapos al margen, Monte Alto no es el Bronx (ni siquiera el Bronx es ya el Bronx, el Bronx es hoy apenas un parque temático con raperos de pega y pistolas de fogueo). Monte Alto es la bombilla que inventaron los romanos (y no el Edison ése de los yanquis, que cualquier domingo invaden Monte Alto para salir en la CNN). Y un laberinto. Y las cuestas, lenguas con saliva de lluvia que buscan el mar áspero de As Lapas. Además, los niños del Bronx no tienen Torre. luis.pousa@lavoz.es