Crónica | Los orígenes del conflicto La investigación policial provoca la desaparición casi en estampida de un grupo de motoristas cuya base de operaciones estaba en Cabo Ponte Anido
01 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.En Monte Alto aún no se le ha pasado el susto a buena parte del barrio. Las madres de quinceañeros viven sobresaltadas hasta el regreso de sus vástagos. La orgía de sangre y golpes ha tenido importantes secuelas en un vecindario poco acostumbrado a los grandes sobresaltos. El mejor termómetro es la calle Cabo Ponte Anido. Hacia un grupo de motoristas adolescentes que tienen su base de operaciones en esta zona apuntan las sospechas del origen del conflicto. Concretamente, en un desencuentro por la ocupación de la zona de ocio de los viernes por la tarde. La plaza del Humor, pese a los esfuerzos policiales, sigue siendo el epicentro del botellón juvenil vespertino en los fines de semana. Y los dos grupos de jóvenes que el viernes se enfrascaron en el rifirrafe violento de la avenida de Hércules tenían alguna clase de cuenta pendiente de sus tardes al calor de un calimocho casero. Zona cero En la zona cero de la pelea todo el mundo prefiere mirar para otro lado. ¿De quién fue la culpa? ¿Por qué se produjo la pelea? ¿Hay peligro de que pueda repetirse una escena semejante en las próximas semanas? ¿Quiénes son los promotores de las reyertas callejeras? ¿Le pasó algo a su hijo? Las preguntas se acumulan en el aire sin más respuesta que el silencio. Si acaso, un ambiguo «se veía venir», aunque nadie aporta más datos. «Algunos de los chavales andan metidos siempre en problemas. Los ves y muchas veces cambias de acera instintivamente, pero yo no puedo decir a ciencia cierta si son buenos o malos. ¿El líder? Todos se mueven a una. No sé quién puede mandar ahí», comenta Sonia, una profesora de Secundaria que reside en el barrio. Pero la incertidumbre es la peor de las sensaciones posible. El listado de agredidos se multiplica conforme pasan las horas. Todo el mundo conoce a alguien que ha sufrido los desabridos comportamientos de los grupos de pandilleros juveniles. Una vecina relataba el pasado viernes en el propio lugar de los hechos cómo un conocido suyo había sido pinchado con una navaja por sostener la mirada de uno de los jóvenes de la banda. Otro residente en la zona recordaba los pequeños hurtos, gamberradas e incluso alguna amenaza que dejaban caer algunos de los mozos ahora contusionados. La culpa Otro peatón que rechaza dar su nombre echa la culpa de lo ocurrido «a los que vinieron de O Birloque, que fueron los que vinieron a buscar pelea». Dice que él no tiene intereses y se ríe cuando se le recuerda que algunos vecinos «dicen tener miedo incluso para entrar a su portal cuando está la pandilla delante de su portal». «Yo los conozco de toda la vida. Estos chavales harán sus gamberradas, como todos, pero no creo que sean tan peligrosos», señala antes de darse la vuelta y avanzar de nuevo en dirección al cementerio de San Amaro. El silencio vuelve a posarse sobre el asfalto de la calle Cabo Ponte Anido. Ni los coches se atreven a desafiarlo hasta que una patrulla policial da la segunda vuelta en una hora. Pero sigue sin aparecer nadie.