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El Supremo rechaza anular la condena al ex fiscal general del Estado

HERCULÍNEAS | O |

30 oct 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

PRIMERO es el suceso y luego viene el periodismo. Los leemos como si nunca antes hubiésemos sabido de otro linchamiento, de otro crimen. El periodista García Márquez entrevistó a un náufrago y escribió una obra de arte con sus relatos. Una de las películas más taquilleras de la historia, Titanic , es un suceso contado en tres horas. Vituco Leirachá, cuando lee un periódico, dice que lo hace como si comiese un pastel. Al viejo glotón de letras y azúcar glacé le corre tinta por las venas y le entusiasma el suceso como a mí porque aquí no hay ideologías, ni tráfico de influencias. Los muertos no son de derechas ni de izquierdas, no están ni a favor del gobierno ni en contra. Toda la verdad de la vida cabe en las páginas de sucesos. Ahí coinciden los sentimientos elementales del hombre: amor, muerte, odio y venganza. Pero a veces los periodistas somos muy tontorrones y los dedos se nos vuelven serpientes heridas cuando escribimos, por ejemplo, de un accidente de tráfico. Nunca sabemos ni media palabra de la tragedia o el dolor insuperable que hay en una madre a la que llaman a las tres de la mañana diciéndole que su niña, la del ciclomotor recién estrenado, está en Traumatología. Protesto en nombre del suceso.