El polígono se ha convertido en la alternativa más tranquila a la movida nocturna
29 oct 2003 . Actualizado a las 06:00 h.A Coruña ya tiene otra zona de marcha tranquila. Es en Matogrande, en donde la apertura de locales de ocio se mantiene a la orden del día desde hace ya unos seis años, justo desde que comenzó el éxodo de la ciudad hacia el barrio más joven del entorno y que pronto sería colonizado por parejas jóvenes de clase media-alta. Casi antes que los modernos bloques de viviendas -la mayoría dotados con tecnología de última generación- llegaron a Matogrande los bares. Primero fueron las cervecerías y los cafés temáticos, verdaderos reyes de la movida -nocturna y diurna- en el joven barrio. Son los encargados de recibir al visitante desde las cuatro esquinas de la rotonda central de acceso al polígono. Los hosteleros se desplazaron a esta zona por dos motivos. Bien rebotados desde el Orzán, hartos de los problemas con el horario de cierre, bien esperanzados en inaugurar un nuevo espacio de marcha. La mayoría están convencidos de que no se equivocaron. «Fuimos de los primeros en llegar y hemos visto cómo ha cambiado el barrio, siempre a mejor», cuenta el responsable de uno de los cafés. Reconoce que el gran atractivo de Matogrande estaba entonces en el precio del metro cuadrado, sobre todo en comparación con cómo se cotizaba en el centro de A Coruña. «Ahora ya estamos más o menos a la par», explica. Y así fue como se fraguó la construcción de un barrio que, según los residentes, parece hecho a su medida. Los vecinos -la mayoría ya pasa de los treinta- encuentran en los locales de ocio un punto de encuentro ideal para el último café o, según se mire, la primera copa de la noche. Y es que los hosteleros de Matogrande se guardaron otro as en la manga, el de hacerse con la movida tranquila de los días de semana. «Para el fin de semana se busca otra cosa, pero aquí la oferta es abundante para tomar algo cualquier día después de cenar, algo tranquilo que te permita levantarte sin problemas al día siguiente para volver a trabajar», cuenta Iciar, una joven que lleva dos meses viviendo en este polígono residencial. Por si todo esto no fuera suficiente, a Matogrande se le ha sumado otro aliado. Es el Coliseo, al otro lado de la avenida de Alfonso Molina. Las cervecerías y los cafés se iluminan más que nunca cuando hay concierto en el multiusos, sobre todo en verano. Allí es donde el público de todas las edades -da igual que actúe David Bisbal o Chick Corea- se reúne antes de cada actuación para tomar el bocadillo y la primera caña. Allí queda también aparcado el coche. Cruzar la pasarela peatonal para recogerlo es la excusa para tomarse la primera copa de la noche. En Matogrande.