HERCULÍNEAS | O |
02 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.NO ME dirán ustedes que no tienen en su casa algún objeto de diseño, porque no queda hueco en el mundo que se escape a la autoridad de un chufletero que se erige en diseñador y te coloca una lámpara en la mesita de noche que más bien parece un exprimelimones. Antes, los bancos de los parques eran comodísimos. De hierro, con su respaldo fundido. Elegantísimos. Hasta que un día fueron sustituidos por los bancos de diseño, auténtico terror de las vértebras dorsales y espanto de las cervicales. ¿Es que esta gente no lo prueba antes? Por ejemplo, una mesa puede ser, según se mire, una alambrera para los gallineros o un mosquitero. Es la clave del diseño: que nada parezca lo que es y que nada sea lo que parece. Las sillas deben parecer lavadoras y las lavadoras, sillas. Y las farolas han de ser como supositorios. Tengo una mujer adicta a esta secta, por lo que cada vez que trae algo a casa compruebo con tanto dolor como si se hubiera hecho del Hare Krisna. Trajo unos objetos metálicos y extraños, así alargados, cual instrumental quirúrgico, aunque también podían ser herramientas para el coche. Le pregunté, ingenuo, y me respondió que se trataba de una cubertería. Ayer le encontré asiento. La cuchara es un destornillador caralludo.