PLAZA PÚBLICA | O |
15 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Algunas vacaciones son como maratones contra nosotros mismos. En treinta días tratamos de cambiar la sonrisa gris laboral por un antídoto contra la monotonía del resto del año. Somos turistas psicópatas: hay que verlo todo, entrar en todos los museos, comprar miles de recuerdos, ponerse muy muy morenos y, en definitiva, amortizar el viaje en forma de fotos que sólo veremos una vez. Un conocido crápula aseguraba tener la receta para saber quién mentía sobre lo acertados que habían sido sus planes para agosto: «Mira a tus amigos, el que destaque por blancuzco es el que se lo ha pasado realmente bien, no le ha dado tiempo a humillarse en alguna playa abarrotada». Les propongo que hagan caso a este vividor: no quemen su piel y mucho menos sus fuerzas. Este mes duerman la siesta en los jardines de San Carlos, escapen a la cala de la Torre y broncéense con la luna, huyan a la costa del Seixo Branco para emborracharse de estrellas y busquen juerga en las verbenas vacías. Bailen, alternen con desconocidos y ríanse de los que estén sepultados en algún local de moda. Imaginen que están en uno de los destinos de los folletos, pero no necesitarán guías, ni reservas, ni crema antimosquitos y, entonces sí, estarán de vacaciones.