Un ilustre hijo adoptivo

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

Historias de A Coruña | Un intelectual prolífico Domingo García-Sabell, que presidió la Real Academia Galega y fue delegado del Gobierno en Galicia, pasó en la ciudad el último cuarto de siglo de su vida

09 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde que a primeros de noviembre de 1977 fue elegido, por aclamación, presidente de la Real Academia Galega, Domingo García-Sabell vivió en A Coruña. Además de su cargo cultural, ocupó, desde septiembre de 1981, el puesto de delegado del Gobierno en Galicia, en el que cesó en abril de 1996. Había adquirido un piso en Linares Rivas, en el edificio que entonces ocupaba el Banco del Noroeste, desde el que se disfrutaba una espléndida vista del puerto y la bahía coruñesa. Allí albergó, también, su importante biblioteca, que adquiriría años después la Fundación Barrié de la Maza. Al ser el primer delegado del Gobierno en Galicia, la estructura del cargo estaba en pañales. Primero se alojó en el antiguo edificio del Movimiento, en la plaza de Pontevedra, hasta que se habilitó el viejo caserón de la Delegación Provincial de Obras Públicas, en la plaza de Orense. Cuando se produjo el golpe del 23-F todavía no era delegado gubernativo, pero llamó al Palacio de la Zarzuela para ponerse a las órdenes del Rey, aunque claro, en aquellos momentos a don Juan Carlos le hacían falta adhesiones militares, no culturales. No obstante, le contestó Sabino Fernández Campo, agradeciéndole el gesto. Era normal ver a don Domingo paseando por A Coruña, eso sí, acompañado por sus dos fieles guardaespaldas. Uno de ellos apareció un día por la Librería Arenas, con una enorme foto enmarcada del polígrafo, con dedicatoria y todo, que regaló al propietario del establecimiento para que la colocase en la galería de escritores gallegos ilustres, entre la segunda y la tercera planta. El presidente de la Academia era asiduo visitante de la librería. Le gustaban mayormente obras de ensayo, filosofía e historia. Las de autores gallegos solían enviárselas directamente las editoriales, especialmente de Galaxia, de la que fue presidente y accionista fundador. En la delegación del Gobierno tuvo como asesores a varios galleguistas, como Paco del Riego y Marino Dónega. Este último, que vivía en la plaza de Vigo, se acercaba muy a menudo a charlar con él, tanto en su casa como en su despacho de la Delegación. Un día recibió de García-Sabell un curioso ejemplar de Mitteleurropa , de Vicente Risco. Resulta que se lo había prestado Marino ¡en 1934! y revisando un día en unas cajas lo encontró. No se cumplió, en este caso, el dicho de «quien presta un libro a un amigo, pierde el libro y pierde el amigo». Itinerario habitual Era habitual verlo los domingos por la mañana ir andando a misa de una en la iglesia de Santa Lucía, acompañado de su esposa, Elena Tormo. El itinerario lo realizó durante más de quince años y se habló de que el Grapo había pretendido atentar contra su vida. Dentro de su vertiente religiosa, hay que citar su libro Paseata arredor a morte , en el que expresó sus ideas y creencias. En los últimos años de su vida, cuando ya su memoria comenzó a flaquear a causa de su enfermedad, recibía la visita semanal de su buen amigo el canónigo Manuel Espiña. La prudencia y equilibrio de García-Sabell en cuestiones culturales y políticas no se mantenía en cuanto a sus gustos gastronómicos. En una entrevista concedida a La Voz (10-10-86) confesaba que era un incondicional de la comida fuerte y picante, siendo sus platos preferidos los callos, el pulpo, los embutidos y las salsas picantes, como el curry, el tabasco y la pimienta.. En cuanto a sus amigos coruñeses, aparte de los citados, hay que destacar a la condesa de Fenosa, a Francisco Vázquez, Isaac Díaz Pardo, González Laxe, Julio Argüelles, José Luis Meilán, Fernández-Albalat o Siro López. Respecto a este último, le grabó casi 40 horas de conversación, que ahora verán la luz. En 1996 fue nombrado doctor honoris causa por la Facultad de Humanidades de la Universidad coruñesa y en 1997 recibió el título de hijo adoptivo de la ciudad. Entre sus libros, hay que destacar A Coruña, onde nace a luz , que es un sentido y emotivo elogio de la ciudad.