La Marina, a vista de periscopio

Bibiana G. Visos A CORUÑA

A CORUÑA

MARÍA LORENZO

Crónica | Un submarino holandés atraca en el puerto La tripulación formada por sesenta marinos permanecerá en la urbe hasta el lunes a las tres de la tarde. La siguiente parada será su lugar de origen, Den Helder

04 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?l periscopio del submarino holandés Walrus apunta desde ayer a La Marina. Es una nueva visión de las características galerías coruñesas. El descenso por la escotilla superior del batiscafo es el augurio de un lugar claustrofóbico, lo cual explica las primeras palabras del segundo de a bordo, Jan Willan Glashouwer: «Todos los tripulantes deben superar fuertes tests psicológicos antes de embarcarse». El comandante ejecutivo nos recibe en la sala de oficiales, la más lujosa de la embarcación. Un habitáculo lúgubre decorado con una alfombra reconvertida en tapete y fotos de los reyes holandeses entre postales de curvas femeninas. Lo que más sorprende es que aquello no se mueve nada, «y cuando estamos sumergidos, que pueden ser hasta cuatro o cinco semanas, todavía menos», informa el único militar que domina el español. Después de cuatro meses a remojo en el Mediterráneo, los tripulantes del submarino estarán hasta el lunes en la bahía herculina. Son sesenta. Todos hombres. «La entrada a mujeres está prohibida», relata Glashouwer. «Quizá el diseño de los próximos submarinos posibilite tripulaciones mixtas», dice esperanzado. De momento, éste, tiene dos pisos. En la proa del superior están los radares, el sónar, la mesa de cartografía y «el asiento del conductor», señalan. Un pequeño volante plateado desde el que se maneja al gigante negro. Diez escalones más abajo, el comedor y las habitaciones. A modo de cajas de cerillas de tamaño humano se apilan las camas de los marineros en columnas de cinco. Pero «hasta aquí», nos prohíbe de forma tajante el guía. Lo que hay tras los aposentos, todo un misterio.