PLAZA PÚBLICA | O |
01 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.COMENTÁBAMOS ayer que llegó la leña al Congreso: ¡que si llegó! Toneladas a hombros de Llamazares y Anasagasti, ¡qué bestias! Nos están llevando al circo romano, que es, justamente, la otra cara del foro o el Senado. A este paso, el tono y las formas congresuales, quizás entre la complacencia de más de los que sospechábamos, se cargan nuestro parlamentarismo monárquico. ¿Es esa la voluntad popular de hoy? Pienso que, hoy por hoy, la contestación es rotundamente no. Tampoco me gustó el diputado Rodríguez disfrazado con ese tono de altanería femenina y apoderándose de la representatividad de los gallegos, cuando el Bloque no sólo no está solo en el escaparate político gallego, sino que, en conjunto, es notable minoría. Este tic es una práctica extendida entre los que se acuñan de progres o nacionalistas excluyentes, que valdría la pena llevar a debate racional, porque, la verdad, cada uno es como es, de su padre, de su madre y de sus circunstancias. Y, quizá, desnudos y sin eslóganes impuestos a modo, no existe más dictadura en el mundo occidental que la burocracia de los partidos, que es una frase para entendernos. Y empieza a ser hora, pues el personal está asqueado, y ¡cuidado!, que su obligación moral de votar tiene un límite.