«Vinimos por probar; no conocemos ni el recorrido»

Juan Gómez-Aller A CORUÑA

A CORUÑA

La mayor parte de los que optan por subirse al servicio nocturno de Tranvías son curiosos atraídos por la novedad.

09 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Bajo las alas del búho se cobijan las borracheras, las frustraciones y los éxitos conseguidos bajos los neones del Orzán. Son las cuatro y media de la mañana, y hace frío en la esquina que une la Rúa Nueva con el Orzán: comienza el espectáculo. El horario de verano salva a David Ríos, el conductor del solitario autobús noctámbulo, de volver a sufrir amenazas o choteos exagerados: muchos de los que esperan por él abandonan cuando descubren que sus puertas se abrirán media hora más tarde de lo habitual. Y esperar media hora al aire del Orzán, con más ron que sangre en el cuerpo, es un infierno. Irreductibles Al final, cuando por fin aparece salvador, sólo quedan unos treinta y cinco irreductibles, que no habían abusado del alcohol o es que ya se les ha pasado la borrachera. Ochenta céntimos de entrada para la gran novedad de la noche. Justo antes de partir, se suben cinco que pondrán la banda sonora hasta el Playa Club. El trayecto es corto, pero da para mucho. Vienen haciendo surf sobre Dyc con poco hielo, y comienzan a gritar «olés» a cada acelerón. Antes de bajarse en la discoteca todavía queda espacio para reeditar el «para ser conductor de primera...», o para ulular en el búho. Se bajan, y aquello queda muerto. Silencio, caras pálidas buscando la cama, una pareja atornillada, un grupo de amigas del Castrillón novatas del búho... «Vinimos por probar, pero ni siquiera conocemos el recorrido», confiesa Tania Grandío. Pintan bastos para que vuelva a montarse: hasta su casa hay media hora de trayecto. Pero peor lo tienen los de Os Castros: «Es mucha vuelta montarte en el Orzán y tener que irte e Labañou para llegar a casa». Lo dice un veterano, Manuel Vizoso, que vuelve a casa -jura- sin una gota de alcohol en sangre. Él es el último de Filipinas . Se baja en Os Castros y allí no queda ni el apuntador. Muchos se desmoralizan ante el recorrido del búho, «que parece la vuelta ciclista a toda Coruña», asegura Pablo, otro de los novatos. Para él hay un defecto claro: «Si sales del Orzán con copas de más y te montas en un autobús que recorre toda la ciudad para llegar a tu casa, lo normal es que termines vomitando».