La fundación de los Villuenda renueva la costumbre betanceira de donar a los vecinos del Concello el fruto de sus trabajos, una tradición iniciada por los García Naveira
07 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Hay nombres que llevan Betanzos como apellido sentimental y, en algunos casos, como motor para dejar una huella. Todo es betanceirismo. Y los hermanos García Naveira se llevan la palma de una tradición benefactora que, a principios de siglo pasado, vivió sus momentos de apogeo. Pero, aunque sea a menor escala, en muchas familias brigantinas se conserva ese espíritu que tiene como objetivo crear futuro, y que a veces la historia ha sido la que, finalmente, ha decidido truncarlo o aliarse con los descendientes, que son los betanceiros del siglo XXI. Hace dos días, los niños del colegio Vales Villamarín asistían a la primera ruta didáctica por el parque del Pasatiempo. Un sueño, de un indiano llamado Juan García Naveira, que comenzó en 1893. Un círculo que, de esta forma, se cerró 110 años después. El pasado miércoles, en una sala del edificio del Concello, la familia Villuenda ofrecía su granito de arena para que la cultura local tenga un nuevo soporte. Unos metros más abajo, en el Centro Internacional de Estampa Contemporánea, un grupo de turistas salía asombrado del arte que, día a día, se cuece en la antigua casa Núñez. Pero el recorrido puede llegar a las manifestaciones arquitectónicas que tiene Betanzos, en las que existen pruebas de donaciones y de ayudas que han construido la ciudad actual sin dejar de pisar la memoria en el pasado. Pero la historia de junio del 2003 la marca la familia Villuendas y una fundación que comenzará a ofrecer un lugar para la creación cultural. Julio Villuendas apostó esta semana porque la iniciativa, ya en marcha y declarada por la Xunta de interés gallego, posibilite que algún creador encuentre su rincón de éxito. Al margen La familia Villuendas ya dio muestra de su generosidad y no quiere que su aportación tenga protagonismo. De hecho, uno de los requisitos es no formar parte del consejo que dirigirá las actividades. La Fundación Villuendas tiene como único deseo fomentar la actividad intelectual en Betanzos y servir de puente cultural entre la vida betanceira y la memoria de su padre, que da nombre a la entidad. La conexión con Betanzos, además de por motivos de nacimiento, se gestó en una imprenta, negocio familiar, que sirvió para que los acontecimientos históricos pasaran a formar parte de la tradición periodística gallega. Marcelino Vázquez Presedo, empresario betanceiro de pro, también ha querido sumarse a la lista y, hace tres meses, se inauguró un moderno pabellón deportivo en el que se conjuga la labor social de la parroquia como la que convierte al recinto en uno de los más solicitados de todo el municipio. Pero la historia vuelve a mirar atrás para recordar los tiempos de la familia García Naveira. Los restos del Pasatiempo fueron durante décadas la única huella perdurable que ahora se ha convertido en uno de los reclamos turísticos y culturales. Servicios sociales La lista es larga. El sueño del indiano Juan no se quedó ahí y mandó construir el lavadero, el Refugio para niños disminuidos o el sanatorio de San Miguel. Para no ser menos, su hermano Juan María, el que aparece en la estatua que preside la plaza de su mismo nombre, se encargó de poner en marcha las escuelas municipales y la casa del pueblo. El asilo y la escuela del patronato de los dos hermanos completan una labor en la que el carácter benéfico siempre conservó un aspecto educativo. Es la historia de un Betanzos que contó con la gratitud de los vecinos que un día se fueron para siempre volver.