Ellos consiguieron vencer al pitillo. Ahora, coincidiendo con la celebración del Día Mundial sin Tabaco, recuerdan cómo llegaron a superar una adicción de años
31 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?o suyo tiene mérito. Cada vez son más, pero no hay tantos que puedan decir que han ganado la guerra. Aunque muchos hayan vencido en batallas, metas volantes previas para llegar a la cumbre, e incluso algunos, como Alberto Martí, se consuelen con puros sin tragar el humo. Dejar de fumar tiene ejemplos. Y ejemplos conocidos. Reincidentes o no, la nómina de coruñeses que han dejado atrás los malos humos podría encabezarse por el propio alcalde, que presidió la presentación de la Fundación Mejor sin Tabaco. Precisamente el presidente de esta entidad, José María Borro Maté, a la sazón jefe del servicio de Cirugía Torácica del Juan Canalejo, predica con el ejemplo. «Lo mío no fue una batalla muy dura, porque fumaba, pero no dos cajetillas», confiesa. A pesar de conocer de primera mano los efectos nocivos del pitillo -se enfrenta a diario a pulmones ennegrecidos- encontró la motivación fuera, aunque cerca. «Fue por mis hijas -cuenta-, no me parecía lógico que me viesen con el cigarrillo en la mano; a fin de cuentas, siempre acabas siendo un ejemplo y creo no puede haber mejor causa que los hijos». Lo hizo de un día para otro y, además, inició una lucha activa «no contra el fumador, que es la víctima, sino a favor de la salud», subraya. «Lo dejé de golpe», cuenta Florencio Cardador, concejal de Obras. Se despachaba dos cajetillas de Ducados cada día y en su historial académico figura un deficiente en conducta a los catorce años. «Nos pillaron fumando en el colegio», cuenta. Hace una década que lo dejó. «Recuerdo perfectamente que estaba en el fútbol, me quedaba un cigarrillo y me dije: 'a ver si soy capaz de no fumármelo'», Y hasta hoy. Voluntad y ejercicio También cumple una década en el bando de los ex Antonio Fontenla, presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia. Su receta fue la voluntad. Y necesitó mucha porque el jefe de la patronal era un fumador importante, de dos paquetes diarios. Decidió dejarlo con la que muchos aseguran que es la única forma de hacerlo, de un día para otro, del todo a la nada. El abogado Ramón Sierra tuvo que madurar la idea, aunque encontró en el deporte, o en su pasión por él, una ayuda importante. Abandonó el cigarrillo, tras nueve años de fidelidad, cuando «empecé a ver que tosía al levantarme de la cama y no podía correr como lo hacía antes».