«Sin Alvedro, no seríamos nada»

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

Este constructor puso de su bolsillo, entre otras cosas, una ampliación de pista y el edificio de Aduanas. Ahora impulsa la creación de una compañía aérea coruñesa

24 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?lvedro se hizo por narices. Hubo coruñeses que se partieron el pecho en el empeño de levantar en su ciudad un aeropuerto y luego hacerlo crecer. Nicanor Tabuyo es uno de ellos, un hombre que de su bolsillo pagó una ampliación de la pista, el edificio de Aduanas o las obras para llevar la electricidad a un sistema de aproximación en Oleiros. Más coruñés que la cascarilla, lo hizo y lo hace porque está convencido de que el crecimiento de la ciudad depende de los aviones. «Sin Alvedro, no seríamos nada», pregona. Hoy retrata casi al minuto la historia de la pista. El aeropuerto estuvo a un tris de construirse en Mera. Seixo Branco era el mejor lugar, mucho mejor que Alvedro. Y la culpa de que no se hiciera allí la tuvo Franco. Al Jefe de Estado de entonces le dio vergüenza. Así se lo explicó a uno de sus ministros: «Si lo hago junto a mi pazo luego me acusarán de que lo construyo para mí». Así que se buscó otra zona. Se pensó en Laracha, O Burgo y A Zapateira, hasta que se optó por Alvedro. Los mecenas Pedro Barrié de la Maza, el ingeniero Luciano Yordi de Carricarte, Pardo de Santallana o Alfonso Molina se dejaron media vida en arrancarle a las autoridades de entonces un gesto hacia la ciudad que no llegó hasta la década de los cincuenta, cuando comenzó a moverse el proyecto. En 1953, el Consejo de ministros aprueba su construcción. Pero de dinero hablan más bien poco. No había otra que apostar por la aportación popular. Fueron muchos los que dieron. El que más, Barrié de la Maza. Por fin, el 25 de mayo de 1963 se inaugura el aeropuerto. Fue una fiesta. La Voz de Galicia cifró en cien mil las personas que acudieron a recibir al primer avión, un Convair de cuarenta plazas. 900 pesetas costó el billete Madrid-A Coruña. Hasta 1972, Alvedro fue el primer aeropuerto de Galicia, con la pista más grande del norte de España, con 1.680 metros. Su crecimiento estaba muy por encima de Lavacolla y Peinador. Pero llegó la primera bofetada. La dio el cardenal Quiroga Palacios. Aquello se recuerda por la anécdota en que se convirtió su conversación con Franco. El eclesiástico le dijo al Jefe del Estado que la pista de Lavacolla tenía que ser ampliada ante una posible visita del Papa a Santiago. Franco le dijo: «¿Y si no viene?». Quiroga le respondió: «¿Y si viene?». Franco se convenció. La pista de Santiago se amplió, pero el Papa no visitó al Apóstol. Fallo del piloto Para más fatalidad, el 13 de agosto de 1973 se produce el accidente de Montrove. Un avión con 85 pasajeros se estrella cuando intentaba tomar tierra en Alvedro. No hubo supervivientes. Las autoridades se valieron de la desgracia para justificar la retirada de los reactores de Alvedro. Dijeron que era un aeródromo muy peligroso. Mentira. Con el tiempo y con el empeño de Tabuyo y sus colegas de Amigos de La Coruña se demostró que el accidente se produjo por un fallo del piloto. Desde la torre de control se le avisó de que la pista estaba cerrada por la niebla. El hombre optó por intentarlo. Hizo tres aproximaciones. A la cuarta, volando ya a muy baja altura, la cola rozó unos pinos y la nave se estrelló. Desde Santiago echaron sal sobre la herida. Un artículo aparecido en un periódico santiagués decía: «Alvedro sólo sirve para hacer aterrizar ataúdes». Comienza así el declive del aeropuerto coruñés. Sólo aliviado por un gesto de Franco. No lo hizo por la ciudad, sino por él, pero ordena instalar en 1974 un ILS portátil, que es lo importante. La razón no es otra que la salud del dictador. Sus allegados temían que él sufriera una recaída nocturna y no pudieran trasladarlo en avión a Madrid. Las patadas a Alvedro llegan de todas partes. Sin explicación, pues una encuesta realizada por Iberia en 1975 entre los pasajeros que viajaban a Galicia, la mitad prefería Alvedro, repartiéndose Lavacolla y Peinador la otra mitad. El ministro de Transporte visita Santiago en 1974 y Nicanor Tabuyo, José Dopeso y Margarita Ponte aprovechan el momento y fuerzan un encuentro con el político. Le piden la ampliación de la pista de Alvedro. El ministro les contesta que con arreglar el Monte Xalo bastaría, a lo que Tabuyo le contesta: «Si regresamos a A Coruña con esa noticia, habrá altercados». El político montó en cólera. Electricidad Menos mal que ordena montar el sistema WOR-DME en Dexo. Pero se olvida de llevar la electricidad. Tras seis meses sin funcionar, Tabuyo se decide a hacerlo él. Muchos amigos colaboran y acometen una obra de 600 metros. En 1974 la zancadilla a Alvedro llegó de Vigo. Peinador tenía dos sistemas ILS. Le sobraba uno. Así que se envió un camión desde A Coruña a buscarlo. Pero al llegar a la ciudad olívica se encontró con una manifestación de vigueses oponiéndose a que se llevaran el aparato. El camión regresó vacío. Amigos de La Coruña empiezan en 1977 la lucha por internacionalizar Alvedro. Tabuyo se mueve y logra todos los permisos. La otra lucha, la de la ampliación, continúa sin que las autoridades muevan un dedo. Y cómo no, Tabuyo lo mueve en su lugar. Convence al director del aeropuerto para que le permita meter sus excavadoras y lleva un millón de metros cúbicos de tierra a la cabecera sur, aumentando la pista hasta los 1.940 metros. Aquel permiso a punto estuvo de costarle el puesto al director. También acometió el desmonte del Monte Costa. Compra la dinamita y acomete la obra. Y todo sin recibir nada a cambio. Hubo gente que pidió que lo encarcelaran por atreverse a tanto.