El voto del escepticismo

Pacho Rodríguez A CORUÑA

A CORUÑA

En las zonas rurales, los vecinos ven de lejos a los candidatos. Poca propaganda y escasas esperanzas de que se cumplan las promesas de campaña

13 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

En Villozás, parroquia de Paderne, las elecciones del 25 de mayo se viven con un ojo puesto en el partido que el Real Madrid juega hoy por la tarde. Zona rural en la que un voto vale lo que vale. Un ciudadano, un elector. Pero los vecinos de los lugares más recónditos son escépticos por naturaleza. «No, no, por obligación. Aquí vienen a poner las fotos y nada más», aclara una vecina. «Estamos desencantados. Por ejemplo, tardaron un año y medio en traernos unos contenedores que estaban a 300 metros», explica María Cortés. El frenesí electoral sí ha hecho que en los municipios de la zona se trabaje ahora a buen ritmo. En estos tiempos previos a las elecciones la respuesta institucional es más inmediata. «Ya hay quien dice que debería haber elecciones una vez al año. En estos seis últimos meses arreglaron muchas cosas», añade Cortés, que aún así confiesa, «qué les voy a pedir. Tanto que les pido y no hacen nada...» El voto es secreto y las opiniones en localidades tan pequeñas, anónimas. No es que haya miedo a dar la cara: «Si pillo a todos los candidatos juntos les explico qué es lo que han hecho en estos años», afirma un vecino de Paderne que, eso sí, se niega a ser identificado y menos, fotografiado. Pero la rueda de frases no para. «De política y fútbol cada un habla de lo que le conviene», dice uno. Su amigo le contesta: «Ya. Pero lo que no se puede es hablar y no dar». Los problemas de las zonas rurales son distintos a los de las zonas urbanas. O mejor dicho, iguales pero concretos. Una farola, la recogida de la basura, el colector... «Aunque sea un pueblo muy pequeño, las cosas de palacio van despacio», afirma un vecino de Oza dos Ríos. En todas partes coinciden en la necesidad de acometer trabajos que afectan a la vida cotidiana y que no siempre obtienen la respuesta que se merecen. «Vamos a hacer esto y pasa el día y pasa la romería», explican de nuevo desde Villozás. La zona rural es una campaña verde, en la que los árboles son los candidatos. Poco papel para los políticos. De repente, surge una de las palabras mágicas: «¿Los independientes? Serán la visagra del Concello». Vale. Pero, por favor, que arreglen la farola.