Dos vecinos mal avenidos

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

Cuando Manuel se levanta por las mañanas lo primero que se encuentra es con la cara nada amigable de Enrique. Cuando lo ve se le pone cara de haber chupado un limón. El sentimiento es mutuo. A Enrique también se le retuercen las tripas cuando se cruza con Manuel. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que se ven todos los días, por la mañana, por la tarde y por la noche. Son vecinos desde que el mundo es mundo. Sus casas están pegadas a la carretera de Teixeiro, en el municipio de Sobrado. No se soportan. De siempre. Tanto, que Emilio regó hace años unas tuyas que plantó en el límite entre las fincas para no tener que verse con su vecino. Aquello enrabietó a Enrique. Desde entonces no ha hecho más que quejarse de que le cegó su casa. Pena de cárcel Pero las tuyas no tienen culpa alguna de que ayer ambos vecinos se sentaran en el banquillo de los acusados de los Juzgados. Manuel para responder por un delito de lesiones por el que el fiscal pide un año de cárcel y la acusación particular eleva la pena a dos años, más una indemnización para Enrique de 2.400 euros. Y Enrique por una falta de lesiones por la que le piden una multa de 270 euros. A Manuel se le imputa el haber acertado con un ladrillo del ocho en el entrecejo de Enrique. A éste lo acusan de propinarle a aquél cuatro puñetazos. ¿Por qué llegaron a ese extremo? Por un montón de arena. Manuel cometió el grave error de echar un metro cúbico de arena cerca de la entrada de la finca de Enrique. Éste se lo reprochó y se armó. Manuel sostiene que lo único que hizo aquella tarde del 5 de marzo de 2000 fue defenderse. «Vino hacia mí, sin mediar palabra, y empezó a golpearme, a darme puñetazos. Yo levanté las manos y me defendí. Me dio otro golpe y caí al suelo. Cuando me di cuenta, la sangre caía por mis ojos. Sin poder ver nada, como pude, me fui a casa», juró a la jueza. Arma arrojadiza Le preguntaron si era cierto que había lanzado un ladrillo a Enrique. Y lo negó. Dijo que no había ladrillo alguno que lanzar. Sin embargo, Enrique dice que sí. Lo dice porque «se hizo añicos» en su nariz. Y añade que no sólo le lanzó un ladrillo del ocho, sino también una piedra que no logró impactarle. Como consecuencia de aquello, Enrique tuvo fractura de los huesos propios de la nariz. El abogado de Manuel no se explica cómo un ladrillo del ocho, lanzado a una distancia de cuatro metros, no le rompiera más que la nariz. El letrado sospecha que Enrique se lo inventó y que la herida sólo es producto de un mal golpe que le dio su cliente a Enrique cuando intentaba defenderse de los puñetazos. Este abogado cogió al vecino de su defendido en algunos renuncios sobre su declaración en la Guardia Civil.