Un apagón obligó al candidato socialista a hablar durante unos minutos sin micro a un público volcado con su discurso. «Es posible la utopía», proclamó
12 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Y Vázquez fundió los plomos. O se fundieron solos. Debió de ser el abuso de potencia eléctrica -grandes bafles y luces a docenas- lo que provocó un apagón en el mitin socialista de arranque de campaña, pero pareció cosa del candidato. «¡Qué buenos somos los del márketing!», se escuchó decir sobre el suceso a un testigo trajeado. Sucedió en un colegio Curros Enríquez (Monte Alto) lleno hasta la bandera. Jóvenes, pocos. Pero a ellos, a los jóvenes, iba dirigido el discurso del aspirante a alcalde, al que abrió paso la número 18 de la candidatura, Rosa Barreiro. Casi no hacía falta que lo hiciera, pero lo hizo: Barreiro confesó que el de ayer fue su primer mitin. Nerviosa, sí logró al final arrancar una ovación: «Gracias, Ana, por permitirnos seguir vivos sin morirnos de vergüenza». Ana, la Ana a la que se refirió, subió entonces a la tarima. Era, claro, Ana Urchueguía, alcaldesa de Lasarte y candidata a repetir victoria en un lugar «donde no puedes tomar café, ni irte de cena, donde no puedes hacer nunca el mismo recorrido, ni darle la espalda a nadie». Ana, de Lasarte, dejó zanjada con esta frase lo que significa ser candidato en el País Vasco. Allí, en su pueblo (18.000 habitantes), la segunda fuerza es -no podrá serlo esta vez- EH. El voto es secreto, pero no la disciplina de voto. Y disciplina hubo. Toda la candidatura socialista ocupó las primeras filas del pabellón del colegio. Arropado por parte de su familia -incluida su nieta, de menos de un año- Vázquez levantó varias veces de los asientos a la concurrencia. Habló de su etapa de colegio, y de los sueños que tenía de niño: «Porque la Orquesta Sinfónica y la Casa de las Ciencias son los sueños de un niño». Habló el Vázquez defensor de la utopía -«que es posible»-. Habló el Vázquez desconfiado con las encuestas -«nadie gana elecciones con las encuestas, sólo con los votos», avisó- y habló el Vázquez azote de la Xunta y del Gobierno: «La ciudad -dijo- tiene que participar como nunca, porque es la fórmula para que se amplíe Alvedro, para que se haga el puerto exterior, porque yo no quiero más gallegos que se tengan que ir a buscar trabajo fuera». «Quiero una mayoría para meter miedo en Santiago y en Madrid». A este grito, porque fue un grito, el público saltó como un resorte de sus asientos. Vázquez tiró también de argumentos recurrentes. Recordó que siempre que llega a una ciudad mira hacia las alturas: «Y si no hay grúas, malo, porque es que no se hacen obras. Ese es mi programa, está en la calle, y se puede ver y tocar. No lo digo yo, lo dice el Papa». Y salió el Vázquez coleccionista de recortes de prensa -«mi tiempo me ha llevado», espetó-, mostrando informaciones donde las cosas pintan bien para A Coruña. «La Coruña», insistó él. «Me voy para casa» Hubo tiempo para más. Y lo aprovechó el candidato no para meter miedo en Santiago ni en Madrid, sino en la concurrencia: «Nunca haré una coalición. Sin mayoría, me voy para casa, como ustedes comprenderán». No lo comprendieron. «No, no no», se oía desde el público. Vázquez, claro, se esperaba el nones de la militancia. Y engarzó el «no» de sus acólitos con el de «los del no». «Porque hay interesados en predicar el mensaje del no, hay interesados en que la gente no vote, para salir fortalecidos». Fue el fin de fiesta, de la fiesta socialista en el Curros Enríquez. Apagón incluido. ¿Gentileza del márketing?