Los coruñeses fuera de la ley tienen hasta trece nombres para referirse a una víctima, ocho para hablar de la cárcel y seis de las prostitutas. Cada gremio tiene su clave
12 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El castellano se transforma en las alcantarillas de la ley. Allí la norma es el caliente , el lenguaje con el que se cierra la compra de droga a pequeña escala, se presume del último atraco o se narra el infierno de las celdas de castigo. Es un código heredado de los criminales del siglo XVII (en este país vivir del pequeño asalto es una tradición arraigada) y el único en el que es posible hablar de una víctima de al menos trece formas diferentes. Dupa , garrute , jirlacho , julai , lila , lilendi , lirio , notario , palomo , pavo , perla , pringao y sopas son la misma cosa: el que termina siendo asaltado, acuchillado o desplumado en las calles de la ciudad. A Coruña tiene podio en el lenguaje delictivo: varios estudiosos de la policía nacional sitúan a la urbe en los primeros puestos del caliente , tanto por extensión como por frecuencia de uso. «Rompí los bastes al cometa por largarle a la brígida lo de la marchosa . Me veo con los juris en el horno ». Traducción: «Rompí los dedos al testigo por contarle a la brigada de la Guardia Civil lo de la cocaína. Me veo con los funcionarios de prisiones en la celda de castigo». La primera es una frase que podría pertenecer a cualquier bar refugio de delincuentes herculinos, que también tienen una palabra específica para cada gremio de la profesión . Gremios Los que asaltaron con palanca las oficinas de Durán Loriga son toperos . Si uno se dedica a asaltar a punta de navaja se convierte en sirlero . Los pusqueros (atracadores con arma de fuego) apenas operan ya en la ciudad, todo lo contrario que los rodanteros (ladrones de coches), que protagonizan la mayor parte de los delitos en A Coruña. A los carteristas se les llama piqueros y a los descuideros guindas . También existen en los suburbios los butroneros y los espadistas , que se dedican a hacer butrones en bancos o a entrar en piso con ganzúa. Por los juzgados también pasan los estafadores, que en el argot se traducen por piruleros . Pedigüeños Hasta entre los pedigüeños siempre ha habido clases. El santero pide junto a las iglesias, el tubero hace lo propio en el metro (esta especie está restringida a Madrid, Barcelona y Bilbao) y el tripero pide en la cocina económica. Los soperones buscan en la basura y los mangurrios en las escombreras de las obras. «Talego» Un gran porcentaje de los usuarios del caliente (si nos atenemos a las cifras de efectividad policial y de ocupación carcelaria) acaban entre rejas. Ahí también se ha forjado un lenguaje propio. En A Coruña hay que ir hasta Teixeiro para encontrar ejemplos prácticos. Allí el pulguero es el colchón, la parrilla el somier y la manta se traduce por piojosa . La propia cárcel tiene ocho nombres: estaribel , grilo , macuto , madrastra , saco , targui , talego y trullo . La celda de castigo, por la que todos pasan los primeros días de encierro, también ha sido bautizada en Teixeiro: es la bodega o el horno .Allí uno puede pasar largos brejes (años), o intentar pirarse (esta palabra ha terminado por dar el salto al diccionario de la Real Academia) engañando a los boqueteros , que es una de las palabras para definir a un encargado de calabozos.Si lo consiguen podrán volver a reunirse en la alegría (el bar) y, en algunos casos, volver a pulir (vender) varios tipos de droga. Precisamente, el mundo de los estupefacientes también cuenta con su propio minidiccionario. Droga Los drogodependientes de la ciudad -apodados drásters - toman desde gras (cannabis) hasta marchosa (cocaína, a la que también se le puede llamar lady o perico ), pasando por el jaco (heroína, que también tiene varios sinónimos: trote , potro , reina y brown sugar ). Los nombres del hachís dependen de la cantidad que se compre, y al opio le llaman crecepelo o poderoso . La adicción a la heroína es la que ha surtido más palabras al caliente : además del nombre específico de la droga, cuenta con palabras para todo el proceso: el loco es el mechero con el que se calienta la olla (cucharilla) llena de heroína, que luego pasa a la maquinilla (jeringuilla).Los efectos posteriores de la sustancia también están descritos: primero tienen una subida , luego les da el globo , más tarde tienen la bajada y terminan con la pájara . Si la droga es de mala calidad puede darles la paragüaya , y si se inyectan demasiado pueden morir por over (sobredosis). Prostíbulos En este recorrido por los lugares visitados por el hampa de la ciudad no podían faltar los prostíbulos. El lugar se llama de dos maneras diferentes: mueblé y quilombo , y las prostitutas tienen hasta seis nombres: cocota , cisne , gurria , burraca , piculina o mona . Esa especie de niebla creada para hablar de asuntos turbios sin que oídos ajenos comprendan palabra cambia constantemente. Lo confirma la policía nacional: «Es como los códigos secretos. Cuando los captura el enemigo, se destruyen».