El conocido doctor pasó a la historia de la ciudad por ser una personadesinteresada y siempre preocupada por atender lo mejor posible a sus pacientes
29 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?u entierro fue una de las manifestaciones populares más grandes que recuerda la ciudad en el siglo XX. Y es que los coruñeses entendieron enseguida que, con su fallecimiento, no moría sólo un médico desinteresado, bondadoso, humanista, popular e íntegro, sino una forma de entender la medicina al modo y manera del sacerdocio. Enrique Hervada García-Sampedro nació en A Coruña el 10 de junio del 1883. Su padre, Hilario Hervada Tejero, era natural de Tamariz de Campos (Valladolid), aunque muy joven se había trasladado a la capital coruñesa, donde abrió una ferretería en el número 14 de la calle Real. Su madre, Rafaela García Sampedro, era oriunda de Asturias. El matrimonio tuvo diez hijos.Cursó el bachillerato en el Instituto da Guarda y, la carrera de Medicina, en la Universidade de Santiago, licenciándose en Madrid, con sobresaliente, y doctorándose en 1916 con una tesis titulada La sífilis ignorada . Ejerció la docencia como profesor ayudante en la Facultad de Medicina compostelana, viajando posteriormente a París, especializándose en distintas ramas y diplomándose en varios centros médicos, como los hospitales de Saint Louis y Hotel-Dieu.Más tarde se instaló en A Coruña, pasando consulta en su piso de la calle Real, que pronto sería una de las más concurridas de la ciudad. La fama del doctor Hervada, como la del doctor Marañón, se basó, aparte su ojo clínico y su inteligencia, en una extremada cordialidad con los pacientes, que veían en él a un amigo y a un consejero. A ello se unió su interés económico. En unos tiempos difíciles, donde no existía ni seguridad social, ni pensiones, ni otras ayudas asistenciales, don Enrique nunca cobró a personas que sabía que sus medios económicos no se los permitían -incluso, en muchos casos, les dejaba un donativo debajo de la almohada- y, si cobraba, era con una cantidad simbólica, como los cincuenta céntimos que una sociedad asistencial le pagaba al mes por cada abonado. Rayos X Hervada fue un adelantado de la medicina en A Coruña. Fue el primero que tuvo rayos X en su consulta, el primero que usó el salvarsán, que utilizó el neumotórax y las sales de oro en el tratamiento de la tuberculosis (uno de sus clientes más distinguidos fue Santiago Casares Quiroga, futuro presidente del gobierno de la República). Al mismo tiempo, fue un ameno colaborador en prensa y revista especializadas, destacando en sus trabajos: Las enfermedades venéreas, La alimentación del sano y del enfermo, Lo que todos debemos saber de la tuberculosis o Diagnóstico de las arritmias , entre otros.El doctor Hervada fue, asimismo, socio fundador de la Asociación Española de Urología, socio corresponsal de la Sociedad Española de Dermatología y Sifilografía, miembro de la Societé Francaise de Dermatología, académico de número y secretario perpetuo de la Real Academia de Medicina de Galicia. Circo de Artesanos En cuanto a su vida social, hay que citar que fue presidente del Circo de Artesanos, desde finales del 1921 a 1923, así como figura preeminente en otras sociedades coruñesas como el Casino. Ideológicamente, fue liberal y republicano. Significativamente, cuando se produjo el alzamiento del 18 de julio del 1936, algunos creyeron que sería una de las víctimas de las brigadas represoras, pero fueron precisamente varios de estos represores, los que advirtieron desde el primer momento de la contienda: «A don Enrique ni se lo toca, aunque sea republicano es un santo». Casado con Otilia Sandeliz, dos de sus hijos se dedicaron a la medicina: Enrique, clínico y médico general, y Rafael, cirujano, que construyó un moderno sanatorio, el policlínico de San Rafael, que goza de gran prestigio en la ciudad.Falleció el 3 de abril de 1953, día de Viernes Santo, a consecuencia de una encefalitis vírica, que se la había contagiado un cliente. Su entierro, a pie hasta el cementerio de San Amaro, fue una enorme manifestación de duelo popular, comparable al de Curros Enríquez o, ya en 1958, al del alcalde Alfonso Molina.El Concello le dedicaría una calle (en Cuatro Caminos) y le erigiría un monumento en los jardines de Méndez Núñez