Nunca se presentó una mujer a la oposición al cuerpo contraincendios de A Coruña
04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El Ayuntamiento buscaba a nueve superhombres para incorporarlos al cuerpo de bomberos. Doscientos fortachones respondieron a la llamada. Pero ni una chica se presentó a las pruebas. De hecho, nunca lo hicieron. «Esperemos que algún día se anime alguna porque sería muy bueno para el cuerpo», suspira un sargento. De esos doscientos aspirantes se quedaron en el camino 191 chicos. No pudieron con unas pruebas hechas con muy mala uva. Sólo nueve continúan. Hoy son funcionarios en prácticas. Y el viernes les nombrarán por fin bomberos si son capaces de pasar una última prueba, que consiste en el dominio de las herramientas y en un simulacro de incendio. Ésta es su historia.Las manos de José, Alfonso, Dani, Carlos, Mani, Ameijenda, Alfonso, Lendoiro y Basi aprendieron un oficio cada día. Según a qué hora, sus extremidades tomaron formas de ganzúas, cuchillos, martillos o taladros. Lo primero que hicieron al llegar al parque, allá por mediados del mes de octubre, fue hincar los codos. Teoría Tuvieron que aprender leyes, política administrativa, organización de gobierno, primeros auxilios, química y física del fuego y hasta les exigieron que conocieran la ciudad como las palmas de sus manos. Les preguntaron por el nombre de algunos alcaldes, por el funcionamiento de una corporación municipal o qué competencias tiene el Gobierno autonómico. La prueba de conocimientos no fue lo más difícil. La pasaron con nota casi todos. También hubo un examen de gallego, donde no hubo ni un cate. Luego llegó la hora del examen psicotécnico. No fuera que se colase algún pirómano o algún miedoso, que no fue el caso. Fueron seis horas de preguntas y respuestas. El hueso de la oposición fueron los exámenes físicos (doscientos metros lisos, dos mil metros, abdominales, salto de altura y natación). Si se fallaba sólo una prueba, el aspirante se iba para casa. Y muchos fueron los que cayeron.Finalizado el corte de los deportes, llegó el turno a la prueba de habilidades propias de los bomberos. Cortar un pedazo de hierro con un soplete de acetileno y oxígeno fue el tormento de estas oposiciones. Algunos hubiesen preferido un examen de trigonometría. Pero no. Los cerebros que idearon las pruebas de acceso al cuerpo de bomberos saben que se trata de uno de los trabajos más socorridos. Resultó mucho más sencillo el examen de corte de madera con motosierra. Ninguno falló. Más complicado fue el ejercicio de excarcelación. Todavía se pueden ver en el parque dos vehículos hechos un acordeón que sirvieron para que los aspirantes cortasen hierro como si fuese plastilina.Había que subir también una escalera de treinta metros con una inclinación de 65 grados, en menos de un minuto. ¿Fueron duras las pruebas? «Durísimas. No veo el final», confiesa un aspirante.