«Mamá, ¿Irak está en España?»

Alberto Mahía A CORUÑA

A CORUÑA

FOTOS: XOSÉ CASTRO

Decenas de pancartas alusivas a Bush y a Aznar capitalizaron una concentración donde no faltaron los gritos de «dimisión» y «Nunca Mais»

15 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Ha sido como volver atrás en el tiempo, con la defensa de la capitalidad o de la libertad frente al terrorismo de ETA, cuando lo de Miguel Ángel Blanco. Miles de coruñeses volvieron a ocupar la calle para pedir algo. Una cría de coletas -no se le echaban más de seis años- le tiró a la madre por el abrigo y le preguntó si Irak está en España. Inocencias aparte, una señora a la que se le calculan setenta se dejó media vida y un cuarto de garganta en un grito: «Bush, Aznar; nunca máis». Parece mentira lo que hace una voz. A la mujer le tomaron la palabra los más de 16.000 (según la policía) o 30.000 (según la organización). Todos decían lo mismo. A las nuevas consignas contra el Gobierno se unieron luego las clásicas, como ésa que dice: «Esto nos pasa por tener un Gobierno facha», o «Dimisión, dimisión...». La concentración contra la guerra fue una muestra de pancartas y carteles, que lo mismo criticaban a Bush como a Aznar. Les dieron de lo lindo. De la simple cartulina sujeta a un palo en la que se podía leer «Guerra no», a la más sofisticada caricatura en la que se apreciaba un Bush vestido de militar con un fusil apuntando a una paloma y tres pozos petrolíferos al fondo. También gustó y fue aplaudida otra en la que se podía leer «Abushones», sobre las fotos de los presidentes norteamericano y español. En el top ten de las iras se situó otro cartel que bajo una fotografía de un joven con un surtidor de gasolina en la sien se podía leer: «Bush, Aznar y Blair; o petróleo mata».Mucha gente, de variados signos políticos, diferenciados por las banderas de sus respectivas formaciones, ocuparon los metros que separan el Banco Pastor de la calle Real. Eran las siete de la tarde, la hora a la que se sumó Francisco Vázquez a la concentración. Llegó a pie y se quedó donde lo esperaban miembros de su gobierno y del partido socialista. Allí estaban también los muchachos del colectivo Burla Negra, que durante la mañana escenificaron la guerra de Irak con un concierto musical y con una larga sábana en la que los ciudadanos podían desahogarse contra los promotores del conflicto escribiendo lo que les viniese en gana. ¡Qué duros fueron con el Gobierno!