Una y no para todos

R. Domínguez A CORUÑA

A CORUÑA

11 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

? la Humanidad no es lo que era, o mucho antes de que la Unesco reconozca que la Torre es de todos se le niega de antemano a un buen puñado de coruñeses. El milenario faro de Hércules es coto privado para quienes sus ruedas son sus piernas. Los minusválidos lo tienen francamente difícil para acceder no ya a la cumbre (tampoco pretenden cargarse la secular escalera de caracol), sino a los pies del emblema de la ciudad. Ni su discapacidad, que no incapacidad, relaja la normativa sobre el acceso de vehículos al monumento. De igual manera, se les ciegan otras vistas privilegiadas. Como la del paseo marítimo en Adormideras, a donde tampoco se les permite el paso rodado. Peatonalización La injusticia, parece, lo es más cuando es cercana. De ahí que la Unidade Provincial de Parapléxicos reclame flexibilidad. En la ciudad, aseguran, donde más se ha hecho por rebajar aceras, las barreras arquitectónicas continúan levantándose en espacios públicos. Una cosa son las calles, se temen, y otra cruzar el umbral mental de la Administración. Y ponen ejemplos. Estupendo es el ánimo peatonalizador del gobierno local. Más espacio para peatones y sillas de ruedas. Pero, ¿qué sucede cuándo quien no camina tiene que resolver un trámite en mitad de la calle Barcelona y en medio del diluvio universal?. Pues que tampoco se le permite llevar el coche hasta la puerta , «aunque prometamos circular a cinco por hora», se queja José María Méndez, presidente del colectivo. A veces, el rizo se riza aún más. Cumplir la norma resulta a menudo complicado si se aparca, por ejemplo, en zona ORA. O no hay espacio para la silla entre la acera y la ranura para introducir las monedas, o no se puede recoger el ticket porque, fatalidad, la máquina está a la altura de quien podría, por cierto, utilizar el transporte público sin dificultad alguna. Claro que tampoco hay aparcamientos reservados en zonas tan especiales como la plaza de María Pita, los que hay en la Casa de los Peces están a demasiada distancia de la entrada y los párkings subterráneos, esos otorgados por concesión administrativa, desconocen, en su mayoría, la palabra ascensor. Confían en la masa muscular de quienes se ven obligados a superar, sentados e impulsando una silla o apoyados en muletas, rampas del 7% si quieren salir a la superficie. La situación no es mucho mejor en otros edificios, también públicos, de obligada visita. Es el caso de los accesos a hospitales de la ciudad o centros de salud. Una vez dentro, se puede circular relativamente bien, el problema es llegar hasta sus puertas. Cementerio A veces, sólo la vena sentimental consigue doblegar la prohibición y que la autoridad haga la vista gorda. Es el caso de la práctica de actividades tan cotidianas como visitar a los que ya no están. Y es que cuando se es parapléjico, uno no puede ni escoger cementerio para enterrar a sus muertos. Feáns, por poner uno, cuenta con unos magníficos caminos ...hechos exclusivamente para el peatón. Si la mala suerte quiere que la tumba en cuestión se encuentre al fondo, no queda más que tirar de la silla. «He visitado a mi padre, enterrado en el 98, dos veces, porque cada vez que voy tengo que discutir con alguien para que me deje pasar», dice un afectado. Méndez apunta una posible solución puntual: que se establezcan días y horarios determinados para la entrada de vehículos de minusválidos. Y una de carácter general: todas las reglas se confirman por una excepción.