El Ventorrillo es el complemento básicoLa pequeña aldea de Astérix

Francisco Espiñeira? A CORUÑA?

A CORUÑA

El régimen de autoabastecimiento que impera desde el punto de vista económico en el barrio de Bens contrasta con la dependencia que los vecinos sufren en materia de servicios con el resto de la ciudad. El complemento básico está en el Ventorrillo. Allí se encuentra el punto de atención médica. Y también los colegios en los que la población infantil cursa sus estudios.? Tampoco cuentan con unas comunicaciones fluidas con el resto de la ciudad. «Si tienes que depender del autobús para desplazarte, te puedes pudrir en la parada esperándolo», asegura una vecina que se declara harta de otear el horizonte en busca de la cabina roja del vehículo público. No se ven legiones romanas. Tampoco centuriones. Ni siquiera los clásicos galos de los tebeos de Astérix. Pero Bens sería el enclave perfecto en el que ambientar las aventuras del genuino quebradero de cabeza del invencible Julio César.? Una estrecha carretera, con baches que parecen agujeros negros, conduce al corazón del núcleo por la ladera de un monte, entre chimeneas de la refinería y camiones que se dirigen a la planta de Nostián a arrojar los desperdicios de toda la ciudad.?Pero abajo, en casas encaladas que recordarían más a un pueblo del sur que a una villa norteña, resisten más de trescientos incombustibles vecinos de Bens.?Ellos mismos tienen conciencia de ser un sitio distinto, aunque nada tenga que ver con la canción del mismo nombre que atronó en toda España en la década de los noventa.?Una plantación de maíz preside la entrada de las estrechas callejuelas que surcan en dirección a los cuatro puntos cardinales de esta apartada orilla del litoral coruñés.?Y escondida entre los acantilados surge una piedra, A Redonda, que guarda el secreto de los percebeiros de la zona. El oro negro de los gastrónomos se reproduce a velocidad de vértigo sobre la roca. «É curioso, pero canto máis material se colle, máis rápido nace», explica Josefa, una veterana experta en sortear los retos del mar más agresivo para buscar el mejor material posible.?Pero en Bens no todo es paisaje bucólico. Aunque el pestilente olor del viejo vertedero ha desaparecido, las secuelas del derrumbe aún marcan los recuerdos de pequeños y mayores. «Cuando estalló el biodigestor de Nostián, a muchos de nosotros se nos aparecieron en la cabeza todos los fantasmas habidos y por haber», cuenta otra vecina del núcleo rural.?Pero no todo lo que rodea la basura es malo. Sobre las miles de toneladas de residuos que convirtieron la zona en área catastrófica crece ahora una de las zonas verdes más importantes de España, una auténtica reserva ecológica que los vecinos de Bens miran con cierta ilusión y optimismo. «Polo menos non nos encherán de cemento, como noutras zonas da cidade que perderon o seu encanto por culpa dos especuladores», augura un veterano antisistema que no deja de dar caladas a su extinto cigarrillo apoyado en la puerta de su domicilio.