NO HA mucho que lancé un SOS desde esta columna hacia Vigo pidiendo un antiguo disco de Joselín. Dicho y hecho. Gracias a la Caixa de Aforros Municipal de Vigo, hoy integrada en Caixanova, por la brillante idea de editar una escolma de cuentos en gallego. Y, por si fuera poca la personalidad de José Rodríguez de Vicente, presentado por don Valentín Paz Andrade, lo que era más que un lujo. Dice don Valentín de Joselín que era «hombre de cautivadora simpatía y lúcida inteligencia», defensor da nosa terra y vaticinaba que su obra perduraría no sólo por su gran valor, sino por el lenguaje popular utilizado, que sería un fiel testigo del modo de hablar el gallego, en especial, os mariñeiros e labregos de entonces. Todavía muchos recordarán su voz -en Discos dedicados- diciendo aquello de «mi paadre, ¿no está ahí mi paadre?», «estou meu fillo, máis morto que vivo, pero estou».?Y es que o taléfono y su microbe eran cosa do diablo. Y lo de vaiche boa, que che vaia ben, y fachendosos; y el pavero de san Xacinto, que levou unha labazaba nos fuciños da súa muller, por no haber reconocido as boas pernas suás tras seis anos de casorio en una noche de antroido. Si las generaciones jóvenes los oyeran, serían fans dos contos e da arte de recitalos.