Un marido celoso golpea a un hombre tras sorprenderlo cuando le hacía fotos a su esposa El agresor deberá pagar al «retratista» una indemnización de 1.700 euros por romperle la cara
17 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.A El paparazzi es un hombre de edad avanzada, poco pelo y aficionado a la fotografía desde que su vecina del quinto se asomó un buen día al balcón. Por la mirilla de la máquina la visión de esa mujer le parecía una pintura. Bella, elegante y de marido celoso. Raúl G.L. ignoraba la tercera virtud. Por eso se atrevió a robarle un posado. Le bastaba tenerla en papel. Desempolvó su vieja cámara y la disparó contra la hermosura. Gastó metros de carrete sin reparar en que el marido de la modelo estaba muy cerca. Y se armó el belén. Se golpearon como gladiadores en el bar del barrio. El fotógrafo se llevó al hospital varias fracturas en los huesos de la cara y el marido una contusión en la espalda. Juzgados El duelo lo trasladaron a los Juzgados. Raúl llevó su amor en secreto hasta el banquillo de los acusados. Niega que hubiese hecho fotos, dice que su cámara no dispara más que polvo. Y es que pudiera ser que la máquina que llevaba colgada del cuello lo hubiese visto nacer. Aquella anticualla sacaba más de quicio que fotos. Cuando se hacía con el encuadre, fallaba el botón, y cuando el botón cedía, el objetivo se arrugaba. Ojalá se hubiese arrugado también el marido de la modelo. El fatal desenlace ocurrió en vísperas de la Asunción de 1998 en el barrio de las Flores, donde viven desde hace años Raúl G.L., de 62 años, y Luis V.M., de 43. Cuatro días antes, el segundo descubrió al primero con una cámara de fotos apuntando a lo que más quería. Ya sospechaba algo y semanas antes le había advertido a su esposa que saliera más abrigada al balcón. Pero a ella una blusa le alcanzaba para refugiarse del frío del invierno y nada ni nadie le iba a fomentar a su edad el uso de la lana, tejido nada provocativo pero implacable ante el mirón. Cuando Raúl fue cogido con las manos en la masa, lo negó todo. Dijo que estaba disparando al aire su vieja cámara de fotos porque le fallaba. El juez repartió Justicia. A Raúl lo castigó con una multa de 120 euros y a Luis con 360 euros más una indemnización de 1.700 euros por las lesiones.