PLAZA PÚBLICA
02 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.TENGO un fantástico ahijado, coruñés, entusiasta de todo lo que hace, y que dedica muchísimas y envidiables horas a la bici. Difícil conocer mejor que él los paisajes más apartados, los carreiros para llegar a donde no se puede entrar con cuatro ruedas, o las tascas y casas de comida que sólo figuran en «las guías del boca-oreja» de los paisanos conocedores de sus terruños , que Mosqui , que es el mote que cariñosamente le aplican desde niño mis hijos. Infatigable ciclista, su curiosidad por todo, lo está convirtiendo en un experto del senderismo y del turismo rural. Pero hoy, me refiero a las otras bicis, -las que valen como motos o como coches-, que acaban de finalizar su Vuelta a España. Antes de iniciarse, se hablaba de unos ciertos boicots y del riesgo de pérdida de categoría. Pues, todo lo contrario. La exhibición de competitividad de los nuestros hizo vibrar a los aficionados como nunca y la llegada al Bernabeu del 2002 recordaba a aquellas triunfales del Tour del Parque de los Príncipes de París. Quizás un ligerísimo retoque en la llegada de etapas beneficiaría a todos: un podio del primero, segundo y tercero, en el que estos dos últimos verían compensado muchos esfuerzos valdíos. Por cierto, ¿y la bici gallega?