Las otras galerías coruñesas

Raquel G. Amarelle A CORUÑA

A CORUÑA

KOPA

En la ciudad existen veinticinco áreas que se anticiparon a los actuales centros comerciales A Coruña tiene otras galerías que no son de cristal. Laberintos de cemento fruto de la moda arquitectónica de los setenta, que están mucho más escondidos. Nacieron con espíritu de centro comercial. Aglutinaban a todo tipo de tiendas en un mismo espacio resguardado de la lluvia. La idea era buena. Ese mismo motivo ha llevado a los comerciantes de las calles Real y Barcelona a pedir su acristalamiento.

20 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El problema surgió cuando las grandes superficies con su olor a Navidad y a Día de la Madre se establecieron en la ciudad. Algunas de estas galerías supieron adaptarse a la competitividad de los nuevos tiempos, mientras otras observaban pasmadas como bajaban sus ventas. Mimar a la clientela La clientela fija es su punto fuerte. Ya que algunas están tan escondidas que sólo las conoce la gente de la zona. La mayoría de los comerciantes explican que lo básico en este tipo de negocios es especializarse en el trato. «Hay que mimar mucho al cliente para que vuelva. Es fundamental si quieres seguir vendiendo aquí», afirma Carmen García, del centro comercial Os Castros. Alicia Fernández, de las Galerías de Alimentación San Jaime dice: «Es una forma de venta más familiar y más próxima». Alicia se muestra muy pesimista sobre el futuro del pequeño comercio de galerías. «Tarde o temprano acabará desapareciendo», asegura. Música y ruinas No cabe duda que cada uno de estos centros comerciales es un mundo. Los vendedores de las galerías de Ramón y Cajal han conseguido ponerse de acuerdo para mejorar su aspecto. Han cambiado el suelo e, incluso, cuentan con hilo musical. El punto opuesto es el del mercado de la Merced, cuyos propiertarios han sido obligados por la Audiencia Provincial ha arreglar las instalaciones que se encuentran en un estado ruinoso. Las galerías más jóvenes son las de Línea Siete, en Alcalde Marchesi, y las conocidas como galerías de Pirámide, en Juan Flórez. Tienen 12 años. Las primeras eran un antiguo garaje que Teresa González decidió reconvertir. Epicentros Algunas galerías giran en torno a un negocio que atrae la mayor cantidad de público. Las de las Torres Efisa tienen como epicentro a la temida Jefatura Provincial de Tráfico. Hay tres psicotécnicos y una autoescuela, que se han creado gracias a que las dependencias de la Guardia Civil están allí. «Como Tráfico cierra por la tarde, es de mañana cuando hay más gente por aquí», dice María Quintas que regenta una inmobiliaria. Caso singular es el de las antiguas galerías de Santa Mariña (entre la plaza de la Cubela y la calle San Diego). Un hipermercado compró varios de los locales de esta galería, impidiendo así el paso por la entrada de la plaza de la Cubela. Tiempos mejores Las de Torres y Sáez vivieron una etapa de esplendor a principios de los ochenta, pero desde 1992 han entrado en declive. Atrás quedó la tienda de golosinas de Purita. Más de la mitad de los locales están cerrados. José Couso tiene una peluquería en estas galerías desde hace 24 años. «El problema es que no vienen profesionales», afirma José. Carlos Vales, encargado de una tienda de menaje, está convencido que la solución para la zona es convertirla en un pequeño centro comercial y aumentar la publicidad en la parte exterior. María Blanco, de las galerías Santa Catalina, apunta que el inconveniente fundamental de estos establecimientos es el alto el nivel de impuestos. «Pagamos lo mismo que si la tienda estuviese fuera y no tiene nada que ver», señala María. Seguridad El aspecto laberíntico y oculto de estos centros comerciales es propicio para los vándalos, por ese motivo la gran mayoría cierran sus entradas con rejas al caer la noche. Aunque hay casos en los que no es posible hacerlo. Las galerías de las Torres Trébol (Cabo santiago Gómez, Costa Rica) no cierran porque su parte inferior tiene actividad nocturna y en el centro comercial El Ventorrillo cuentan con personal de seguridad para vigilar, pues hay entradas de viviendas en ellas. En otras son los propios comerciantes quienes se solidarizan y se aseguran de que no entren ladrones. Ángeles Ramos, de las galerías de la calle Real, aclara que lo mejor de su emplazamiento es que «somos como una familia y nos ciudamos unos a otros las tiendas».