Alberto Martí expone fotografías recientes en una terraza de María Pita. Teodoro Patrocinio dejó su puesto de delineante del puerto. José Corral cumplió un siglo.
06 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Trío de mayores El entrañable fotógrafo Alberto Martí Villardefrancos me confesó ayer: «Tengo ochenta años y seis meses». A esa cifra no llegó todavía Teodoro Patrocinio Novalbos que, desde hace apenas unas horas, saborea la jubilación tras casi cuarenta años de trabajo en el puerto. Pero si hablamos de veteranía hay que descubrirse ante José Corral Sánchez . Este hombre ya sabe lo que es vivir un siglo. Alberto Martí Está como nunca. Bueno, me imagino que cuando a los 12 años empezó a trabajar en Foto Blanco estaría mejor, pero ustedes ya me entienden. Desde ayer, expone sus penúltimas fotografías en una de las terrazas acristaladas de María Pita, en concreto, la que pertenece al Ayuntamiento, que no podía tener un mejor bautismo de actividades que con esta muestra de Martí. Cielo, mar y barcos Presenta distintas imágenes de la reciente visita de la Cutty Sark. «Estuve todas las veces que vino la regata y no podía faltar en esta», me comentó con orgullo entre sus coloristas fotografías. Me llamó la atención la cantidad de gente que había en la exposición y por la plaza. Desde un grupo de elegantes mujeres y hombres camino de una boda en el Finisterre, hasta unos niños jugando al fútbol a escasos metros del cristal de una de las terrazas. Como no tengan la precisión de Valerón, algo ciertamente difícil, vamos a tener más de un disgusto. En el puerto Esta zona que tantas y tantas veces fotografió Martí fue el lugar de trabajo de Teodoro Patrocinio durante las últimas décadas. En 1963 aprobó las oposiciones para delineante de obras públicas. «Nos presentamos 1.200 para 30 plazas. Yo saqué el número 12 y me destinaron a A Coruña», relata con cierta nostalgia. Entonces ganaba 11.800 pesetas al año. Su lápiz imaginó antes que nadie los muelles de las Ánimas, del Centenario y de San Diego. También trabajó en la realización de la estación ferroviaria que aparece tras él en la fotografía. Ahora, como jubilado, tendrá tiempo para pasear por las zonas que creó y que vio crecer. Sus compañeros ya le preparan un homenaje. Cien años no es nada José Corral Sánchez nunca dejó de trabajar, ni siquiera ahora, que acaba de celebrar un siglo de vida. Es un ejemplo de superación. Perdió la visión en 1937, pero su actividad no cesó. El campo, la casa... Sin parar. Su único hijo, que es teniente de alcalde del Ayuntamiento de Coirós, su nieto, sus dos biznietos, y demás familia, celebraron con una fiesta sus cien años de vida. José lo pasó en grande.