Un ex-impresor acude todos los días a la Dársena a fabricar barcos en miniatura
21 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Tiene la piel curtida por el sol. Sentado en la Dársena de la Marina da rienda suelta a su imaginación. Enrique Garrote lleva más de veinte años siendo un artista. Veinte años metiendo pieza a pieza barcos en botellas de cristal. Antes trabajó como impresor y de joven hizo sus pinitos como periodista. Nació en un puerto de mar de Cantabria, llamado Astillero. Todo un presagio. Enrique disfruta yendo de puerto en puerto. Tiene muy desarrollado el sentido de la libertad y detesta que le manden. Por eso nunca mete en botellas a personas o animales. Este artesano de las miniaturas ha viajado por todas las costas europeas y del oeste africano y quiere dar la vuelta al mundo. Allí dónde haya un puerto, se puede encontrar a Enrique trabajando al aire libre en sus barcos de madera. «Me llaman el artesano de los paseos. No tengo dirección», dice. Aunque lleva ya seis años «ivernando» en A Coruña. Cuando salga el sol, irá a Sada o Santa Cristina. No sólo hace barcos, puede dar vida en el interior de botellas a hórreos, molinos, casas, puertos y hasta estaciones de ferrocarril con relojes que funcionan. Sus herramientas no ocupan mucho espacio. Como él mismo dice: «Llevo un astillero en el bolsillo». Las exposiciones no le atraen, prefiere que sus obras se muevan. Lo que realmente le gustaría es enseñar su oficio a niños. Enrique cree que la mecánica mata a la artesanía. «Pocos barcos en botellas de los que se ven están hechos artesanalmente», dice. Pero, no da la espalda a las nuevas tecnologías. «Si necesito un modelo de barco japonés, lo busco en el ordenador», asegura. Eso sí, los móviles no le agradan. Prefiere no estar localizado.