Hoy se cumple un mes desde la desaparición de los pescadores tras el hundimiento del Meloxeira El mar no habla. No dice nada del «Meloxeira». La bruma de un día de mayo dibuja una interrogación en la bahía coruñesa. ¿Dónde están los hermanos Antonio y Alberto Barreiro? ¿Y Óscar Maceira y Luis Vázquez? Hoy hace un mes que los marineros desaparecieron. La embarcación se hundió. En el restaurante Vila II, en el puerto de Lorbé, treinta días no han acabado con la tristeza y los recuerdos. Javier Naya apura un refresco. «Jamás vi enfadado a Antonio», dice.
11 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«¿Cómo es posible que no haya aparecido ni uno?». Manuel Pazo y Juan Fernández miran al puerto de Lorbé y no aceptan la verdad trágica. «La gente está triste», dice Manuel Cuns, propietario del Vila II. «Normal, eran unos chavales muy conocidos. Venían por aquí todos los días. Eran unos profesionales». Una mujer sale todas las tardes a recorrer la costa con la esperanza de encontrarse de bruces con el peor de los destinos. El que sabe que le espera y que se resiste a llegar. Es la esposa de uno de los desaparecidos. Es parte de la escenografía de la tragedia que se ha quedado presente en el puerto de Lorbé. Un coche rojo aparcado para siempre. Las nasas del Meloxeira , amontonadas en el dique, que los pescadores respetan a la espera de nadie. Una camiseta del Dépor, de uno de los desaparecidos, colocada en una estantería del Vila II. La flota de Lorbé que sale a faenar con todos los sentidos alerta por si el mar se decide a devolver a sus compañeros. Objetos que se convierten en pistas falsas. Hace poco apareció un reloj de oro que se decía que era de alguno de los marineros. Falsa alarma. Y la verdadera desolación de la familia. Que es respetada por los vecinos de Lorbé, y que no han querido estar al margen de todas las posibles ayudas que a lo largo de este largo mes se han repetido. «¿Salieron hoy?», comenta un grupo de vecinos que pone cara de lamento cuando se le pregunta por los pescadores. Preguntas «¿Cómo no íbamos a conocerles? Aquí somos pocos. Nos conocemos todos. Y coincidíamos a muchas horas», explica un vecino. Explica pero no encuentra respuesta Javier Naya para la pregunta de por qué no aparecen. La obsesión por recuperar los cuerpos se vive con intensidad en Lorbé. Es lo primero que se dice: «Fíjate todo lo que se hace para encontrarles y, nada. Ha sido el golpe más fuerte que hemos recibido en el pueblo. Yo no recuerdo una tragedia igual», afirma. Los recuerdos aparecen por su cuenta. Cada día un detalle aviva la memoria de Antonio, Alberto, Óscar y Luis. «No quiero imaginarme la tristeza que habrá en esas casas», lamenta Manuel Cuns. En su bar ayer se vivió una noche de fútbol. «Me acordé de Antonio viendo el fútbol. Era del Dépor y yo simpatizo con el Barça. Siempre me estaba haciendo bromas», recuerda Javier Naya. Recuerdos que se han convertido en un arma de doble filo. La memoria juega con tanta rapidez que en los momentos de distracción aparecen, de repente, los nombres de los desaparecidos. De los cuatro pescadores que el 12 de abril, hoy hace un mes, no regresaron y Lorbé se convirtió en un puerto triste.