La zarzuela de San Juan

La Voz

A CORUÑA

CARLOS FERNÁNDEZ HISTORIAS DE A CORUÑA Hace 25 años se estrenó en el Rosalía esta famosa obra de Luis Iglesias y Rodrigo A. de Santiago Sus bodas de oro han pasado casi desapercibidas para los coruñeses, a pesar de la categoría de sus autores: Luis Iglesias de Souza y Rodrigo A. de Santiago. Se trata de la zarzuela en dos actos «La noche de San Juan», que fue estrenada en el Rosalía el 8 de septiembre de 1951. Intervinieron, además, el Grupo Amigos del Teatro y la Orquesta Sinfónica Municipal, con escenografía de Rafael Barros Merino y dirección y concertación de coros del maestro Eduardo Diehl de Souza.

27 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Se trataba de un libreto muy gracioso e inspirado de Iglesias de Souza, uno de los grandes dinamizadores de la cultura coruñesa del pasado siglo. Su objetivo, en palabras del propio Luis, era aportar un modesto grano de arena a la resurrección del género lírico. La partitura, además, tenía dos cualidades fundamentales: finura en su línea melódica y lo pegadizo de todos sus números cantables, que eran quince, con un preludio y un intermedio. Fue, además, la presentación del entusiasta grupo Amigos del Teatro. En cuanto a las figuras femeninas, destacaban la tiple Celita Rodríguez Gantes, magnífica de voz y estilo que, a pesar de su juventud, había alcanzado resonantes triunfos; la tiple cómica Elisa Rodríguez Gantes de Diehl y el papel de carácter de Chelo Pérez Pombo, que derrochaba gracia y originalidad. Respecto a las figuras masculinas estaba el tenor Manolo Dorrego Viéitez, que resultó una de las revelaciones de la obra; el barítono Luis María González Sierra, que gozaba de gran estimación del público coruñés; Enrique Vázquez Yebra, extraordinario bajo que bordaba el papel de Don Alonso y cantó con gran estilo dos romanzas; los cómicos José Bazarra, triunfador en el grupo La Farándula, Isaac Iglesias de Torres y Juan Manuel García Puga. También hay que citar a Eduardo Guimaraens, que prestó su lado cómico. Los decorados eran de Gayoso y como apuntador intervino Rafael Lorenzo. La obra se presentó con arreglo a las últimas corrientes escenográficas, algo parecido a lo que se había hecho anteriormente con La muerte del dragón. Manifestaba Iglesias de Souza: «Hay que desterrar el papel al menor límite posible y darle importancia al elemento humano, así como a la luminotecnia. Renovar esos coritos de semicírculo y dar humanidad a los cantables». Centenario En la autocrítica, los autores aludían a la fecha del 14 de septiembre de ese año, en que se conmemoraba el primer centenario de la zarzuela, apuntando: «El género lírico español no puede morir y, tras el eclipse de los últimos años vuelve a lucir esplendoroso, aportando nuevas obras». Finalizaba el escrito recordando a Calderón: «Perdón para nuestras faltas, pues de pechos nobles, es muy propio el perdonarlas». Respecto a los precios de las localidades, en la sesión de las 19.30, fueron los siguientes: palcos, 90 pesetas (0,54 euros); butaca, 15 pesetas (0,09 euros); anfiteatro, 12; tertulia, 8 y 6; galería, 3 y general, 3.