XURXO FERNÁNDEZ EL REPORTAJE Walter Wiegand ha recorrido 30.000 kilómetros a pie para visitar lugares santos «Me cansé de todo y eché a andar». La aventura de este alemán de 55 años comienza hace tres. Un día cualquiera del mes de agosto. Hizo cuentas de su vida: resultado negativo. «Trabajaba en la construcción y por la noche iba a beber. Beber y trabajar, así eran mis días». Fea perspectiva con bonita penitencia: la peregrinación. La primera etapa le llevó de Berlín a Santiago, pasando por Lourdes, en camino de ida y vuelta. Después hasta Asís, Jerusalén, el Vaticano y más allá. Sus piernas cargan 30.000 kilómetros de fe.
27 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Los pins de su gorro son su cuentakilómetros particular. Recuerdos de los distintos lugares a los que le han llevado sus piernas. Lleva en su mochila un tesoro de papel. Crónicas de periódicos de diferentes regiones en las que su cara aparece en el espacio destinado a la foto. Diarios de Chipre, Turquía, Grecia o Israel son testigos de la hazaña. Cuando aquel día de agosto del 99 hizo cálculos, se dio cuenta de que «no había visto nada». Ahora guarda imágenes para que no se le olvide ni un solo momento. En esas fotografías aparece con una poblada barba que ha hecho desaparecer. Con ella se ha quitado unos cuantos años de encima. Nadie le echaría los 55 a simple vista y, menos, después de contar su historia. Un relato para el que le resultó beneficioso carecer de familia. «En Berlín sólo dejé algunos amigos», comenta. También dejó atrás sus pertenencias. Asegura que las regaló al volver de su primer viaje a Santiago. El gesto bíblico fue correspondido. Por el camino encontró mucha gente dispuesta a echarle una mano. Para dormir, albergues y conventos, donde es bien recibido gracias a un escrito que lo reconoce como peregrino. Cuatro idiomas Para entenderse con la gente no tiene muchos problemas. Habla bien el inglés, se defiende con el español y entiende algo de italiano. Además del alemán, claro. Cuando todo eso no alcanza, el gesto es un buen sustituto de la palabra. De ese modo, con las manos, se ayuda para contestar a las preguntas. Así, explica que ha llegado a la ciudad después de visitar Santiago por segunda vez. También cuenta que se quedará aquí dos o tres días: «Decido sobre la marcha». Tiene intención de ver algún paso de Semana Santa. Luego, a la frontera entre Alemania y Holanda. Allí espera trabajar un poco para poder seguir viajando. En su regreso, por el Camino Francés, pretende detenerse en Santander. Quiere ver al obispo. Se lo encontró en Jerusalén -una foto lo prueba- y le ofreció su casa en tierras cántabras.