PACHO RODRÍGUEZ EL TESTIMONIO Francisco Carro cuenta cómo sobrevivió a un golpe de mar que le sorprendió en O Portiño en 1999 Francisco Carro resucitó agarrado a una roca. En O Portiño. «Fue en mi sitio favorito», dice. Y aún lo es. Hace tres años, una ola se lo llevó por delante a diez metros del lugar en el que pescaba. «Me quedé pegado a unas piedras. Morado de golpes», relata. Durante unos segundos desapareció mientras el mar hacía su cruel barrido por las piedras. Un hombre vio, después, como flotaba en el agua una zamarra. Se temió lo peor. Pero, entonces, Francisco Carro, de 68 años, iniciaba su propio rescate. «Me temblaba todo el cuerpo», recuerda. Un susto que quedará para siempre en la memoria de un pescador.
16 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«Estoy vivo de casualidad. La suerte hizo que la ola me lanzara a una zona lisa en la que no me di ningún golpe». La fatalidad reservaba hace tres años un resquicio para la fortuna de Francisco Carro. Un ángel de la guarda, «Dios o no sé qué pudo ser, pero algo me protegió», dice. Fue en su lugar de confianza, a donde acude con frecuencia a pescar -todavía hoy- este jubilado natural de Cambre que vivió en Londres, donde trabajó en lo que las oficinas municipales de la capital inglesa hasta su jubilación. «De confianza, fiable y favorito» son los adjetivos que repite Francisco Carro para definir el lugar en el que se llevó el susto más grande de su vida. Sentirse arrastrado por la fuerza del mar es difícil de explicar. «No tiene nada que ver con otros accidentes que se pueden tener en la vida. Cada vez que lo recuerdo siento algo extraño, porque -reitera Carro- si salí de esa fue por casualidad», afirma con un gesto de interrcogación. A cinco metros de la caña Ayer, Carro acudía a su tienda favorita de pesca, porque conserva su afición deportiva. En el mar y en el río. Pero advierte de que el infortunio puede estar a la vuelta de la esquina. «Yo aquel día no vi la ola. Y no pensaba que pudiera aparecer por un costado. Tenía la caña a cinco metros y fui cogerla porque el agua la alcanzaba. Pero no me dio tiempo», señala el pescador. Las precauciones ocupan un lugar destacado en el diccionario de deportista de Francisco Carro. «Siempre me cuido de que el lugar sea seguro. Pero aquel día...». Puntos suspensivos para un accidente que, en esta ocasión, cuenta con un afortunado protagonista que lo cuenta. «Toda la vida seguiré pensando por qué Dios me protegió», se pregunta. Tal vez, porque, como él mismo explica, «me fui de A Coruña para trabajar, para ganar más. Y allí en Inglaterra siempre me intenté comportar como una buena persona, como un buen gallego». Lo es.